La tragedia haitiana ha vuelto a abrir un debate que se suscita en México, cuando, según los casos, se ha precisado activar operaciones de mantenimiento de la paz (OMP). La petición de la ONU a México para que envíe 3.000 cascos azules a Haití ha despertado nuevamente una discusión que divide a las FFAA y a la sociedad. Dicha solicitud obliga a los mexicanos a dirimirse en torno a su marcado nacionalismo, una tradición de enorme peso que impregna toda la cultura política del país. Esta discusión tiene lugar porque México, es uno de los pocos países, que no participa con tropas en las Operaciones de Mantenimiento de la Paz (OMP), a pesar de que su contribución financiera a ese rubro es la más importante de América Latina. La excusa primordial de esta posición es el principio de no intervención que en México esta incluso elevado a rango constitucional. En última instancia bajo este principio se pretende evitar la justificación de una posible intervención en cuestiones internas mexicanas, pues en la medida en que México se abstiene de intervenir en cuestiones internas de otros países, nunca podrá justificarse la intervención extranjera en los asuntos nacionales. El fuerte nacionalismo mediante el cual se respaldan estos argumentos y la sensibilidad que por ello despierta esta cuestión, explica que, pese a esta petición, por el momento el Presidente de la República, Felipe Calderón, haya decidido guardar silencio y no manifestarse al respecto.
Sin embargo por varios motivos, cuesta trabajo pensar que una potencia regional como México se inhiba de esta invitación, pues proporciona al país una magnífica oportunidad de ganar presencia y peso político, en el ámbito internacional, y muy particularmente en el latinoamericano. No debe olvidarse el protagonismo que han adquirido determinados países con su participación en MINUSTAH, la misión de la ONU en Haití. Una misión considerada "latinoamericana", ya que está dirigida por Brasil, además de estar mayoritariamente compuesta por FFAA de la región. Particularmente destacable es la presencia de Chile, Argentina y Uruguay. Pero incluso Bolivia, uno de los países latinoamericanos mas pobres, también ha realizado el esfuerzo de participar en dicha misión, para ayudar a un "país hermano".
Esta es una decisión que debería tomar el Senado y si finalmente lo decidiera se obtendrían resultados muy positivos tanto en el ámbito propiamente militar como en el político. El inicio de esta participación abriría nuevos horizontes para que las fuerzas armadas aprovechasen su infraestructura, equipo, experiencia y disciplina para apoyar a naciones afectadas por desastres naturales. Pero incluso esta participación tiene un alcance político e institucional trascendental ya que la experiencia latinoamericana ha demostrado que esta participación ha favorecido la regularización de las relaciones civiles militares y las posibilidades de control civil. Por último, Haití es una cuestión suficientemente trascendental como para que México recuperara una presencia regional e internacional, que Brasil ha logrado restarle.
*Sonia Alda es Doctora en Historia por la UAM

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