El próximo mes de octubre habrá elecciones presidenciales en Brasil. Se trata de unos comicios clave, mucho más para la región que para el propio país, aunque suponga el adiós de Lula da Silva tras ocho años de gobierno.
Gane quien gane nada cambiará sustancialmente en Brasil. La pelea se dará, básicamente, entre la heredera de Lula, su actual ministra de presidencia, Dilma Rousseff, y el heredero del expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), el gobernador de Sao Paulo, José Serra, quien parte como favorito en las encuestas. Dilma va a contar con el apoyo total de Lula, y su 83% de imagen positiva, aunque como demuestra el caso chileno la popularidad presidencial (Michelle Bachelet) no siempre se traspasa al aspirante a sucesor (Eduardo Frei).
Si gana Dilma seguirá la política de Lula quien, a su vez, en materia social y económica, ha continuado y mejorado los lineamientos de la presidencia Cardoso. Por lo tanto, si triunfara Serra, a quien respalda el propio Cardoso, nada sustancial cambiaría en ese aspecto.
Pero, por dos razones, que triunfe uno o que lo haga la otra, tendrá importantes repercusiones en la región. Si bien está claro que en América latina no hay un giro a la derecha ni a la izquierda, sino tres grandes tendencias (izquierda reformista, populismo y centroderecha), la victoria de Serra haría que la balanza, hasta ahora inclinada hacia la izquierda, se desplazara hacia la derecha (el eje Piñera-Serra-Uribe). El triunfo de Dilma reforzaría la tendencia de la izquierda reformista (victorias de José Mujica en Uruguay y la casi segura de Laura Chinchilla en Costa Rica).
En segundo lugar, con Serra en Planalto, las relaciones con Venezuela tendrían otro cariz. La táctica de Lula de estar cerca de Chávez para canalizar y moderar sus propuestas, ya no tendría validez y más pronto que tarde se produciría el choque de trenes (Brasil-Venezuela/Serra-Chávez).
Si gana Dilma la estrategia de Lula se mantendrá, pero en este caso claramente Chávez habrá perdido un contrapeso, pues la eficiente y preparada ministra de presidencia brasileña no tiene aún el prestigio y el peso internacional que posee Lula.
Finalmente, Chávez trataría de ganar más espacio y protagonismo a costa de un Brasil sin Lula, y Dilma, al menos en sus primeros pasos internacionales y ante las zancadillas chavistas, sólo tendría una opción: recurrir a Lula (esté donde esté) para detener o calmar a Chávez. Sólo el paso del tiempo haría que Dilma construya su propio prestigio internacional, lo que unido al peso intrínseco de Brasil como potencia pueden acotar el margen de acción de un Chávez. Éste llega muy debilitado a 2010 por los problemas políticos y económicos que golpean a su país y podría caer en la tentación de buscar prestigio en el exterior con aventuras que hagan olvidar los problemas internos.

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