La Conferencia internacional sobre Afganistán celebrada en Londres constituye un encuentro que cabe entender como consecuencia del comentado cambio estratégico de Estados Unidos ante el conflicto, basado en criterios expuestos por el mando militar supremo norteamericano en Oriente Medio, representado por el general Petraeus, cuyas competencias se extienden desde el Mediterráneo oriental al océano Índico noroccidental. Tales criterios suponen un giro copernicano, de entera revisión de los criterios estratégicos seguidos hasta ahora en la guerra contra el terrorismo islámico, librada tanto en el propio Afganistán como - fragmentariamente - en el vecino Pakistán, con un nivel de implicación de simétricas semejanzas al que desempeñó en el pasado durante la contienda de nueve años que libraron los afganos contra la ocupación soviética de su país.
Consiste el criterio de Petraeus al que nos referimos en un cambio del paradigma operativo sobre el que se hace la guerra misma, al igual que lo aplicado en Iraq. Se trata, podría decirse, de prescindir del último tramo de la escala conceptual con la que se opera. No sería la lucha para llevar y establecer la democracia allí, sino para establecer las condiciones mínimas para que le democracia sea accesible. Mañana en Afganistán como hoy comienza a serlo en Iraq.
Resulta incuestionable que para un propósito de esta naturaleza la primera condición que ha de librarse no es otra que la autonomía de movimientos y la libertad de actuación por parte de los sujetos de esa fragmentada soberanía afgana que son los llamados "señores de la guerra". Una constelación de poderes que resulta de la articulación tribal y multiétnica tanto de los iraquíes como de los afganos, aunque mucho más en éstos que en los iraquíes.
La autonomía y libertad de aquellos con los que se va a negociar, es la primera de las consideraciones en que parece basarse el cambio estratégico incoado en el criterio norteamericano. La segunda parte del cambio sería aquella consistente en el ajuste operativo de los interlocutores para el momento de la negociación; un ajuste que pasa por diferenciar a los talibanes de los guerrilleros de Al Qaeda propiamente dichos. Talibanes eran quienes, desde el integrismo islamista más riguroso, gobernaban en Afganistán en el momento de producirse los atentados del 11 de Septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, mientras que sus huéspedes eran las mismas gentes de Al Qaeda, comandadas por Ben Laden, que en una parte significativa habían peleado junto con los afganos contra la ocupación soviética.
Este es el concreto punto en el que la historia parece doblarse sobre sí misma. Rusia va a ser parte muy principal de la conferencia de Londres que hoy empieza, entre otras razones, porque se le atribuye la desclasificación de la ONU, como sospechosos de terrorismo, de una serie de miembros del régimen talibán destruido por Estados Unidos tras de los atentados del 11-S, al haberse negado a entregar a los responsables de los mismos. Esa desclasificación era condición necesaria, al parecer, para que se pueda negociar el desbloqueo del conflicto afgano. La política - que es a lo que se va con la nueva estrategia - también se ha dicho aquí, puede ser la continuación de la guerra por otros medios.

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