Sé que no va a resultar sencillo recuperar la atención de quien me honró con la lectura de la primera parte de este tema que hoy vuelvo a abordar. Ha pasado ya más de una semana. No obstante. ¿qué tal si les digo que en Venezuela hay una filial de Hizbollah, encarnada en el "Movimiento Guaicapuro por la Liberación Nacional" que tiene por objetivo lograr la conversión de las tribus de la guajira venezolana? - ¿Cómo se les queda el cuerpo al enterarse de que en Bolivia, en un hospital financiado por Irán, la uniformidad de las enfermeras incluye el pañuelo de cabeza al modo islámico? - ¿Qué me dicen al saber que el número de musulmanes entre los indígenas Maya y Tsotsil del estado mejicano de Chiapas es cada vez mayor, escuchándose ya la llamada a la oración de los viernes en algunas ciudades de este estado? - ¿Y qué les parece si les digo que en Honduras los musulmanes son ya más de doscientos mil?
Estas y otras circunstancias, que en principio bien podrían ser consideradas como anecdóticas, en mi opinión no deben ser pasadas por alto. No deben ser pasadas por alto si lo que se pretende es dificultar la expansión de corrientes radicales de ese Islam que nos tiene declarada la guerra y que tantos esfuerzos nos distrae para garantizar el más elemental de nuestros derechos humanos (aniquilando de paso nuestro modelo de civilización para imponernos el suyo).
Tal y como hacía en la primera parte, vuelvo a insistir sobre la misma pregunta:
¿Cuál es la situación del Islam en Iberoamérica?
De manera muy breve y resumiéndolo mucho, la realidad del Islam en los países de Iberoamérica es que existe una gran ignorancia acerca del mismo. La gran mayoría de las gentes que pueblan esa parte del Globo, desconocen incluso su existencia como religión. Hoy.
Entonces, ¿por qué preocuparse?
Pues bien, en mi opinión hay que preocuparse porque, tal y como terminaba dos párrafos atrás, esta es la situación de hoy. Esa ignorancia a que hacía referencia, antes que un factor de tranquilidad, resulta inquietante en países en los que, en conjunto, el ochenta por ciento de la riqueza está en manos del veinte por ciento de la población. Resulta inquietante, además, porque estamos hablando de países en los que el populismo como ideología aumenta de manera vertiginosa, propiciando escenarios favorables a la implantación de corrientes que demonizan a quienes resulta de mucho beneficio echar la culpa de todas las miserias que se sufren. Ponerse al lado de regímenes musulmanes que odian (y así lo manifiestan) a Estados Unidos e Israel, es una muy buena apuesta para quien gobierna apoyándose en populismos mesiánicos. Ya saben aquello de "los enemigos de mis enemigos son mis amigos".
Con lo dicho hasta aquí podría parecer que me estoy refiriendo exclusivamente al régimen iraní de los ayatolás como única fuente de implantación del Islam en Iberoamérica. Pero no. Hay otros aparte de Irán. ¿O es que alguien piensa que la ortodoxia suní va a permitir que sus ancestrales enemigos chiitas les aventajen en la captación de fieles?
Como católico, no seré yo quien se atreva a sugerir estrategias a la jerarquía eclesiástica. Seguro que ya están en ello. Pero como individuo heredero de una historia y de una tradición de la que me gustaría sentirme más orgulloso, sí que puedo decir bien fuerte que, como decía al principio, hay cosas que no se deben pasar por alto.
¡Ah! Por cierto. ¿Sabían que desde 2007, todas las semanas, hay un vuelo comercial directo entre Caracas y Teherán?

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