El telón de fondo fue cuidadosamente confeccionado: la crisis derivada del Acuerdo para la Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad Colombia-Estados Unidos. La propuesta del presidente Hugo Chávez fue directa: formar de inmediato un Consejo de Defensa rumbo a una alianza militar para hacer frente a las amenazas del imperio.
La iniciativa fue criticada por un representante del depuesto presidente Manuel Zelaya, de Honduras, y más prudente que su par venezolano, el presidente Evo Morales, de Bolivia, también discrepó. No se puede tomar una decisión a la ligera, dijo, sino que debe ser estudiada por el Consejo Político y las Fuerzas Armadas, y propuso además la creación de una escuela militar de la dignidad y soberanía de los países de la ALBA para el desarrollo de nueva doctrina militar.
Salvadas las diferencias, la propuesta fue matizada y los jefes de Estado y de Gobierno de los países ALBA acordaron conformar, como parte del Consejo Político, el Comité Permanente de Soberanía y Defensa para definir una Estrategia de Defensa Integral Popular Conjunta y constituir una Escuela de Dignidad y Soberanía de sus Fuerzas Armadas.
Antigua y Barbuda, Dominica, y San Vicente y las Granadinas, se distanciaron de ese acuerdo por ser parte del Sistema de Seguridad Regional de los países del Caribe Oriental.
Desde su constitución en 2004, éste es el primer acuerdo oficial de la ALBA para conformar una alianza militar, geográficamente dislocada y basada en una imaginaria percepción de amenaza, frente a la cual, aseguró el presidente Chávez, los países ALBA deben estar preparados para defender su soberanía en todos los terrenos.
El resultado inmediato sería inevitable. Esa eventual alianza militar propiciaría la desintegración de una región que ya cuenta con entidades subregionales como el Consejo de Defensa Suramericano, la Conferencia de las Fuerzas Armadas Centroamericanas; el Sistema de Seguridad Regional del Caribe Oriental; y la Comisión de Seguridad de Centroamérica y sus subcomisiones de Defensa y Seguridad Pública.
Diseñar una estrategia de defensa conjunta de países geográficamente separados y asimétricos en recursos y medios, así como organizar y poner en función una escuela y ver al menos sus primeros resultados, toma tiempo y precisa de cuantiosos recursos, que quizás sólo Venezuela estaría en capacidad de aportar. Pero además, Centroamérica parece seguir siendo el talón de Aquiles del proyecto político del presidente Chávez, ya que es poco probable que el parlamento de Nicaragua, dominado por la oposición, ratifique un acuerdo de esa naturaleza. Y si a esto se le agrega la prudente política de Cuba, que administra sus relaciones con Washington fuera del alero de la ALBA, la eventual alianza militar quedaría reducida a Venezuela, Ecuador y Bolivia. Llama la atención que en la declaración conjunta de la VIII Cumbre de la ALBA, celebrada en La Habana el 14 de diciembre de 2009, el tema de la alianza militar defensiva del presidente Chávez fue ignorado, lo que hace suponer que poco o nada se ha avanzado en su implementación.
Por su denominación, una Escuela de Dignidad y Soberanía de las Fuerzas Armadas luce más como un plantel de adoctrinamiento político-ideológico, que como un centro de formación, capacitación y entrenamiento militar. Y si en el más remoto de los casos, los augurios del presidente Chávez llegasen a materializarse, ni la estrategia aún en ciernes, ni la escuela, cuyas aulas todavía no se han abierto, servirían para frenar, empantanar y derrotar la intervención militar del imperio profetizada por el mandatario venezolano.
Consulte la Declaración de la VII Cumbre de los países de la ALBA en PDF

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