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Crysomallon squamiferum/ Aquario de Shin-Enoshima, Kanagawa, Japón
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¿Podría la concha de un caracol salvar la vida de un soldado? Esta pregunta, que puede parecer absurda, puede convertirse en realidad según el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge, que publica un estudio en la edición digital de la revista ´Proceedings of the National Academy of Sciences´ en el que concluye que la particular estructura del caparazón del ´Crysomallon squamiferum´, un caracol que habita en el Océano Índico, podría mejorar el blindaje de los vehículos y los sistemas de protección de los soldados.
La robusta concha de este molusco, que no limita sus movimientos ni le impide comer y reproducirse con normalidad, está formada por tres capas con diferentes características, una estructura que le permite protegerse contra los ataques de otros animales y con la que puede regular la temperatura de su cuerpo para adaptarse al medio en el habita.
Las duras condiciones del ecosistema en el que se encontró el molusco, las zonas hidrotermales del Océano Índico, donde se registran bruscos cambios de temperatura y existe una alta acidez, le han obligado a desarrollar una concha única entre los gasterópodos.
La mezcla de azufre y sulfuro de hierro de la capa externa y la rigidez de la capa interna calcificada reducen los daños en caso de agresión y ofrecen una alta resistencia a las fracturas, mientras que la capa intermedia, compuesta por materia orgánica, es capaz de absorber energía durante un ataque violento, mejora la dispersión del calor y la absorción de las fluctuaciones térmicas.
Las conclusiones del estudio, que comenzó en 2003, no restringen la imitación de la estructura de la concha a sistemas militares, sino que se apunta a que industrias como la aeronáutica e incluso los fabricantes de materiales deportivos podrían beneficiarse de la particular composición en tres capas del caparazón del molusco.

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