Tuve el privilegio de asistir, el pasado 6 de enero, a los actos celebrados en el Palacio Real con motivo de la Pascua Militar, presididos por SS. MM., acompañados por SS. AA. RR. los Príncipes de Asturias, quienes en el Salón del Trono recibieron el saludo respetuoso de los invitados a tan solemne ceremonia.
Como dijo Su Majestad en su alocución "Con esta conmemoración mantenemos viva una tradición bicentenaria, muy arraigada en la milicia, con la que perpetuamos el recuerdo de nuestra historia, ensalzando los mejores valores y virtudes de la profesión militar".
Cuando tras la finalización de los actos, al filo de las tres de la tarde, regresaba a mi domicilio para compartir con mi familia, y especialmente con mis nietos, la otra festividad del día, la de los Reyes Magos, empecé a pensar en la posibilidad de trasladar mis impresiones sobre lo visto y, sobre todo, oído, a las páginas de Atenea Digital y compartirlas con sus lectores.
Cuando en la mañana del 7 de enero me disponía a teclear en el ordenador mi visión de la Pascua Militar, tuve la prudencia, (¿o fue imprudencia?), de ojear parte de la prensa escrita y digital, y contrastar lo narrado en los medios con mis propias impresiones. Tras comprobar que yo, como periodista de temas de defensa, no hubiera tenido un porvenir nada brillante, apagué el ordenador, tras decidir posponer, o más bien desechar, mi primitiva idea. Respeto todo lo que leí, aunque mi interpretación de lo escuchado y entendido por mí, difería algo de lo leído.
Naturalmente, yo no pensaba comentar el vestido de la ministra, ni la ausencia de barba en el rostro del Príncipe de Asturias, aspectos que ocupaban una parte importante de las crónicas, (seguro que lo reclaman una parte importante de lectores). Atenea, además, no me lo hubiese permitido.
A mí personalmente, y me centro en las alocuciones de Su Majestad y de la ministra de Defensa, me parecieron adecuadas y ajustadas al acto que se celebraba.
La de SM. el Rey fue tan clara, eficaz y medida, como es habitual en sus discursos de la Pascua Militar: ni falta, ni sobra nada.
El discurso de la ministra me pareció a mí, bien estructurado y mejor pronunciado. No leyó simplemente un texto, sino que transmitió mensajes e ideas. Antes de que esta opinión personal incite a manifestar respetables discrepancias, quiero aclarar que lo que dijo la ministra fue adecuado al acto que se celebraba, a la persona que lo pronunciaba, (un miembro del Gobierno), y a la Autoridad a quien se dirigía.
Quizás lo más comentado de su intervención fue la parte relativa al Proyecto de Ley Orgánica de derechos y deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas. Atenea Digital, siempre atenta a difundir los aspectos más relevantes y oportunos de todo lo relativo a seguridad y defensa, ha publicado dos excelentes artículos sobre el tema, firmados por el Teniente General Narro y el General de División Ortega, con los que coincido prácticamente en todo, y que les recomiendo leer.
Como no he tenido acceso al borrador del proyecto, solo puedo decir que suena bien el oír que la futura Ley es un reto importante que hay que afrontar ya; que los derechos y deberes que se mencionan en ella deberán respetar los principios de unidad, disciplina y jerarquía que ha de presidir el funcionamiento de nuestras Fuerzas Armadas; y que su tramitación y aprobación exige un esfuerzo por parte de todos los grupos políticos, por lo que su aprobación "debe ser fruto de un más que amplio consenso en el Parlamento". (La ministra añadió la palabra "español", aunque creo que es innecesario). Como además adelantó los tres grandes ejes que vertebran el actual borrador del proyecto, me ha extrañado enormemente la declaración de una diputada de un partido minoritario que afirmaba que "el hacer este tipo de anuncios en espacios que no sean el Parlamento es una falta de respeto a los grupos políticos". Y ¿qué pasa con los ciudadanos de a pié?. ¿No tenemos derecho a ser informados?.
La ministra no eludió tampoco comentarios sobre la Ley de Carrera, reconociendo su complejidad, y que "era inevitable que se produjeran disparidades", y que se están articulando "medidas correctoras de los efectos indeseados". Pero su tránsito por la Ley fue manifiestamente desdramatizador y quizás poco realista. Y al tratar los aspectos culturales, otro dato también preocupante: al referirse al Museo del Ejército de Toledo dijo que se estaba ultimando "uno de los proyectos más ambiciosos para la conservación y divulgación de nuestra historia". Pero ¿de toda ella?.
Otro tema esperado era el relativo a las operaciones militares, especialmente la de Afganistán, de la que la ministra dijo que era "la más dura, compleja y arriesgada de todas en las que han participado las Fuerzas Armadas en los últimos 20 años". Algún medio dijo que a pesar de lo afirmado, la ministra no reconocía que en Afganistán había claramente una guerra. ¿Adivinan los titulares de los periódicos y los comentarios en radios y tertulias de la tarde del 6 de enero y siguientes días?. La Pascua Militar en sí habría dejado de ser noticia.
Siguiendo con algunos otros comentarios, señalo uno que indicaba la escasa atención dedicada en el discurso a la Guardia Civil. La ministra la incluyó en su saludo inicial, pero las limitadas atribuciones de Defensa sobre el Instituto armado (ninguna en aspectos operativos) debieron impedir que desarrollara las numerosas y muy valiosas actividades que lleva a cabo, por corresponder su descripción al Ministerio del Interior y no al de Defensa.
Lo que creo que agradó a la mayor parte de los asistentes al acto fue el oír decir a la ministra que "las Fuerzas Armadas son, bien lo sabe Su Majestad como su Jefe Supremo, la institución más valorada por los españoles. Una posición así no se regala, se conquista con tesón y trabajo".
Voy a finalizar con algo que año tras año me extraña. La ausencia de comentarios sobre las primeras palabras de la alocución de Su Majestad. El Rey dice: "Queridos compañeros". Para que no haya dudas de a quien está dirigiendo sus palabras.
He citado a los periodistas especializados en temas de defensa, que asisten y dan cumplida cuenta de lo sucedido en el acto, pero que desde hace unos años se les excluye del vino de honor que SS. MM. comparten con los invitados. Se dice que provocaban la realización de pequeñas "ruedas de prensa" con los políticos más significados, mientras que los Reyes departían con los invitados. Pero "¿eran ellos los culpables, o eran requeridos para ello?".
* José Antonio García González, General de Ejército

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