El misil antiaéreo SAM-7, con el que la banda terrorista ETA intentó matar al jefe de Gobierno José María Aznar en tres ocasiones en mayo de 2001, rivaliza en popularidad con los fusiles de asalto Kalashnikov AK-47. De concepción soviética, es sencillo, barato y fácil de usar, habiendo sido empleado en todos los conflictos desde principios de los años 70.
Denominado por los soviéticos 9K32 "Strela-2", y por la OTAN SA-7 "Grail", este misil superficie-aire se puede portar por un único usuario, se dispara desde el hombro y es atraído por el calor del objetivo - guiado por infrarrojos-.
Su alcance máximo son 4.200 metros, pudiendo llegar hasta los 2.300 metros de altitud. Una vez disparado, su velocidad alcanza los 500 metros por segundo. Dispone de una carga explosiva de 370 gramos de TNT, en una cápsula prefragmentada.
Para muchos países, disponer de este armamento les ha permitido equilibrar una acusada desventaja en el número de aparatos de combate (aviones y helicópteros) con respeto a sus potenciales enemigos. Este ha sido el caso de Pakistán, que dispone de la tercera parte que India.
Desde que esta primera generación de misiles portátiles soviéticos entrara en servicio en 1968, se calcula que se han fabricado más de 700.000 unidades, incluyendo las versiones yugoslavas, rumanas, chinas (denominadas HN-5), paquistaníes (Anza MKI), egipcias y norcoreanas.
Su bautismo de fuego lo tuvo en 1969, cuando un SAM-7 disparado por un soldado egipcio derribó un helicóptero israelí en las inmediaciones del Canal de Suez. Desde entonces, no ha habido enfrentamiento armado en el que no haya estado presente, hasta en escenarios tan recientes como Irak. Sólo en Vietnam, se estima que derribaron al menos 204 aparatos norteamericanos.
Dada su abundante fabricación y la proliferación en todos los escenarios, no es difícil acceder a ellos a través del mercado negro de armamento. Tras el derrumbe de la Unión Soviética, desaparecieron lotes completos de los arsenales de las antiguas repúblicas. Algunos países son acusados, como fue el caso de Nicaragua en 2005, de proporcionarlos a grupos terroristas de lo más variado. Como ejemplo, está constatado que el IRA dispuso de esos ingenios, llegando a derribar un helicóptero del ejército británico en 1991.
También circulan misiles viejos, en mal estado, de los cuales se han deshecho "oficialmente" ciertos países a muy bajo coste, una vez que el adecuado mantenimiento hace muy onerosa su conversación en los depósitos con unas mínimas medidas de seguridad.
Dependiendo precisamente de su antigüedad y estado de conservación, el precio de cada unidad puede oscilar en el mercado negro entre los 100.000 y los 6.000 euros.
Obviamente, el deficiente mantenimiento hace que baje notoriamente la eficacia del misil. Aunque, de estar bien conservados, la vida útil puede llegar a extenderse hasta los 20 años, lo habitual es que fallen las baterías, el agente propulsor o el buscador infrarrojo.
Además, no todo son ventajas. Si bien es cierto que está considerara como un arma del tipo "dispara y olvida", no siendo preciso que el tirador guíe el misil hasta que impacte con el objetivo, su efectividad depende de la capacidad del usuario para fijar adecuadamente la fuente de calor, lo que no siempre es posible sin un adecuado adiestramiento.
Por otro lado, es habitual que su sistema de infrarrojos se vea afectado por las altas temperaturas ambientales o por otras fuentes de calor próximas al objetivo, incluso por las diferencias térmicas del propio terreno.
Durante su vida operativa se ha demostrado que es principalmente útil frente a helicópteros, por su baja velocidad y menor altitud de vuelo. Los aviones son casi exclusivamente vulnerables durante el despegue y el aterrizaje. Y siempre y cuando se encuentren por encima de los 50 metros de altitud a partir de los cuales el misil es operativo. Como quedó demostrado cuando el 28 de noviembre de 2002 falló un SAM-7 que había sido disparado contra un Boeing 757-300 israelí que viajaba de Mombasa a Tel-Aviv, el cual volaba por debajo de la referida altura en el momento del lanzamiento.
Contra los aviones de combate, su capacidad aún es menor, al poder ser fácilmente contrarrestados con medidas de protección básicas, como el lanzamiento de bengalas, una vez detectada su aproximación.
En definitiva, una arma, relativamente asequible para grupos terroristas, pero más orientada hacia los helicópteros que hacia los aviones, dadas sus fuertes limitaciones.

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