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Nelson Jobim en el Batallón de Infantería de Selva de Tabatinga / ©A. Cruz/ABr |
En mi última colaboración al Diario Digital Atenea, mencionaba la posible intención del presidente Lula da Silva de contrarrestar los malos resultados de su jefa de gabinete, Dilma Roussef, en las encuestas como su sucesora en las próximas elecciones de octubre.
Vuelve la señora Roussef a Atenea, en esta ocasión por haber sido la protagonista mediática de la ceremonia de reconocimiento a las víctimas de la dictadura, que tuvo lugar el pasado 21 de diciembre en Brasilia.
Resulta que Dilma Roussef, además de aparecer con el pelo muy corto por causa de la quimioterapia recibida para hacer frente al cáncer linfático que padece, fue una de las víctimas de la tortura supuestamente practicada por la dictadura entre 1964 y 1985, por formar parte de los llamados "grupos de izquierda armada" (lo mismo que el actual ministro de Comunicación Social Franklin Martins). Para el estamento militar brasileño, la ceremonia fue un "claro montaje".
Hasta aquí, el asunto no pasaría de un desencuentro más de los muchos que se producen entre los militares y sus gobiernos respectivos (más frecuentes cuando estos últimos son de izquierdas) en cualquiera de las democracias de nuestro planeta. Pero resulta que en Brasil está en marcha el Programa Nacional de Derechos Humanos, que en su tercera edición (PNDH-3) propone la creación de una comisión especial que podría abolir la Ley de Amnistía de 1979. Y no solo eso. A esta pretendida abolición se une el olvido de la referencia a los movimientos civiles de la izquierda armada en el texto del PNDH-3, dejando únicamente a las Fuerzas Armadas como blanco para posibles procesos judiciales futuros. Esta circunstancia, aparte de ser considerada injusta por los militares, para el ministro de defensa Nelson Jobim es una ruptura del "acuerdo tácito" que él mismo tenía con Lula, para que cualquier texto que se aprobara incluyese tanto a unos como a otros.
Estos intentos de recuperación unilateral de la memoria histórica no son nuevos en Brasil. Durante los tres años que pasé entre militares brasileños, pude comprobar que el asunto es algo que se asienta en lo más hondo del sentir corporativo militar. "É ponto de honra" dicen, y la expresión se traduce por sí misma. Por lo que se ve, el sentir militar sigue siendo el que yo percibí y el día 29 de diciembre, toda la cúpula militar de Brasil, de forma colectiva, presentó su dimisión por escrito al presidente Lula.
Ante las renuncias de los tres jefes de Estado Mayor, además del propio ministro de Defensa, Lula se comprometió a aplazar el envío del proyecto al Congreso y a revisar el contenido del mismo. Al ser preguntado, el presidente dijo que firmó el documento durante la conferencia del Clima en Copenhague, y que por ello no percibió en el texto la ausencia de referencias a los grupos de izquierda.
Como resultado de un análisis muy particular, y teniendo en cuenta que Nelson Jobim será muy probablemente el candidato a vicepresidente del partido que se enfrentará a Lula en las próximas elecciones (debiendo dejar el cargo en marzo), bien pudiera ser que en el fondo todo sean movimientos preelectorales del ministro, con la finalidad de echar las redes en el caladero militar, de tanta influencia y en tan buena consideración dentro de la sociedad brasileña. En cualquier caso, y siempre según mi opinión, los militares encantados de que los utilicen contra Lula.

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