El encargo dado a Javier Solana por el Consejo de Ministros, del pasado 23 de diciembre - a unos pocos días de haber dejado de ser Alto Representante de la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea, cargo que ha ocupado durante los últimos diez años-, de la dirección del proceso de elaboración del documento de la Estrategia Nacional de Seguridad, anunciado por el Presidente del Gobierno, en su discurso de investidura del 8 de abril de 2008, constituye una decisión de alto calado y, en principio, acertada.
En efecto, Javier Solana es una de las personas mundiales con mayor experiencia y conocimiento en el campo de la seguridad y de la estrategia europea e internacional de los últimos 15 años.
Por un lado, dirigió la elaboración del actual Concepto Estratégico de la OTAN, del año 1999 (CE-99), en su etapa como Secretario General de la OTAN, entre 1995 y 1999. Por otro, también fue el director e impulsor de la Estrategia de Seguridad Europea del año 2003 -se la llamó "documento Solana"- así como de su actualización, en diciembre de 2008, durante la presidencia francesa de la UE.
Pero además fue el responsable durante los últimos años, en nombre de la comunidad internacional, de las negociaciones con Irán, acerca del cuestionado proceso nuclear iraní, con objeto de impedir al régimen teocrático persa que consiga la bomba atómica y produzca una situación inestable que afecte peligrosamente tanto a nivel regional como en el horizonte internacional.
Parece razonable que el concepto Estrategia Nacional de Seguridad (ENSE) incluya todos los instrumentos del Estado y de la sociedad civil, fundamentalmente, a los pertenecientes a los Ministerios de Asuntos Exteriores y Cooperación, de Defensa, del Interior y de Economía. Ello conduce a que se utilice el término "acción única del Estado", de forma habitual, ahora y en el próximo futuro.
Javier Solana ha vivido, participado y promovido estos nuevos términos intensamente, en estos años del inicio del siglo XXI, ya fuera en sus reuniones con la OTAN o en la propia Unión Europea. Por otra parte, todos somos conscientes de que nuestra Estrategia de Seguridad debe estar perfectamente incardinada tanto en el nuevo CE de la Alianza, que aparecerá en diciembre de 2010, como en la Estrategia de Seguridad Europea.
En esta línea, se hallan dos activos a considerar. Uno, el ya alumbrado del nombramiento de Solana como encargado-director del proceso de elaboración de la Estrategia Nacional de Seguridad como perfecto conocedor de la OTAN y de la UE. El segundo, se refiere a la oportunidad. Parece más realista, lógico y coherente que la fecha de publicación de nuestra Estrategia de Seguridad sea después de que se publique la nueva de la OTAN, mejor que en noviembre del 2010, inicialmente anunciado.
Sin duda, una de las mejores manifestaciones de nuestra estatura estratégica lo constituiría el establecimiento de una estrategia nacional de seguridad integrada en el actual y previsible escenario estratégico de seguridad, y en perfecta armonía con la doctrina estratégica de nuestros socios y aliados. No se nos debe pasar por alto que el equipo del que se rodee Solana debe estar a la altura de los nuevos tiempos.
Asimismo, este documento, con mucha probabilidad, dará lugar a dos importantes cambios para el próximo futuro. Por una parte, dispondremos de tres estrategias claramente definidas: de seguridad, de defensa y militar, en la línea marcada por las democracias más avanzadas. Por otra, se establecerán claramente las responsabilidades estratégicas del Presidente del Gobierno, del Ministro de Defensa y del JEMAD junto a la definición de un nuevo ciclo de planeamiento de seguridad y defensa.
Una de las principales virtudes de este moderno modelo estratégico debiera tener como apoyatura la plena voluntad y capacidad de la ciudadanía española para sintetizar lo consuetudinario y tradicional con el espíritu innovador que debe impregnar el cambio de mentalidad de sus integrantes. Su bondad debiera descansar tanto en su vocación de permanencia como en su continua adaptación a los requerimientos y necesidades de los nuevos tiempos.
En definitiva, el momento actual puede ser muy oportuno para definir un nuevo modelo español de estrategia, en los tres niveles indicados, que sea creíble, coherente y sólido. Conformaría un importante instrumento y vínculo de unión y cohesión en el contexto de nuestros socios y aliados, con los que compartimos valores e intereses comunes al mismo tiempo que incrementaría nuestro prestigio tanto regional como internacional.
Siempre teniendo como marco fundamental de referencia el de defender y preservar nuestros intereses nacionales de seguridad. Todos esperamos y deseamos que Solana, con su equipo, lo consiga.

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