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El equilibrio de poderes en Iberoamérica

¿Asumirá brasil el liderazgo regional junto con sus costes?

Sonia Alda Mejía  

Este artículo se publicó en el número 3 de Revista Atenea

Presidente de Brasil Luiz Inácio Lula
da Silva / wiki.org

¿Asumirá brasil el liderazgo regional junto con sus costes?

Las últimas iniciativas adoptadas por Brasil indicarían una firme voluntad por hacerse con el liderazgo regional, como así lo ha puesto de manifiesto la primera Cumbre de la Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR), el mes de septiembre pasado.

Este objetivo no es una novedad, sin embargo, los logros han sido siempre limitados ya que la potencia sudamericana ha renunciado tradicionalmente a abordar los costes que este papel implica. Está por ver si el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva finalmente va a asumir dichos costes.

En tanto en cuanto en este momento en América Latina toda aspiración de liderazgo ha de ir acompañada de una propuesta de integración, cabe destacar la creación de la UNASUR, producto de una iniciativa brasileña.

Esta organización se formalizó en mayo de 2008 y está compuesta por 12 países sudamericanos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay, Venezuela, Surinam y Guyana). A ello habría que agregar la inminente creación, en el seno de esta organización, del Consejo de Defensa Sudamericano, iniciativa propuesta y dirigida igualmente por Brasil.

Esta nueva fase de cooperación e integración latinoamericana consolida la construcción de un sistema de relaciones post guerra fría basado en la profundización de una tendencia integracionista bajo el liderazgo de Brasil. Para ello es determinante el vacío de poder dejado por Estados Unidos, muy particularmente después del 11-S. Esta nueva configuración implica crear nuevas instituciones que se correspondan con esta nueva realidad y sustituyan a aquellas creadas durante la Guerra Fría bajo las que Estados Unidos pretendía asegurarse la influencia en el área. De esta forma la UNASUR y el Consejo de Defensa Sudamericano podrían ser las opciones alternativas a los organismos de aquel período como la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR) que Estados Unidos instrumentalizó para imponer en la región sus intereses.

Sin embargo estas nuevas instituciones sudamericanas no son suficientes para asegurar esta nueva configuración ni el liderazgo brasileño. Brasil ha de superar obstáculos tanto internos como externos que pueden hacer fracasar las iniciativas mencionadas. Uno de los principales problemas es el mismo planteamiento soberanista brasileño. Bajo su influencia Brasil ha adoptado una posición de pasividad o inactividad ante determinados problemas regionales que finalmente limita su papel de líder regional. El motivo de esta actitud es evitar la justificación de posibles intervenciones en cuestiones nacionales brasileñas. Ciertamente esta mentalidad expresada en el reiterado principio de "no intervención" no es exclusiva de Brasil, es compartida por toda la región y es uno de los principales obstáculos para la integración en el área. A ello habría que sumar la necesaria coordinación entre los intereses internos y externos, que hasta el momento no se ha conseguido en Brasil. La falta de confluencia entre las prioridades de la ciudadanía y las aspiraciones internacionales de su gobierno. Por el momento para los brasileños los problemas internos están por encima de cualquier proyecto externo con el que no se identifican pues lo consideran ajeno.

A estos problemas internos es preciso sumar las aspiraciones de países vecinos por monopolizar igualmente esta posición de liderazgo. En este momento el principal competidor es Venezuela. Las reiteradas declaraciones del presidente venezolano, Hugo Chávez sobre su sólida alianza con el Brasil y su presidente no han significado su renuncia a un liderazgo que necesariamente opacaría las aspiraciones del país carioca. Las principales herramientas de Chávez para lograr sus objetivos han sido la política del petrodólar y una habilidad mediática que le proporciona permanente protagonismo internacional. A ello hay que agregar el esfuerzo desarrollado por el presidente venezolano en política exterior. De hecho Hugo Chávez ha llegado a tomar la delantera en numerosas iniciativas a Lula. Ante la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA); el Tratado Comercial de los Pueblos (TCP); el Banco del Sur; la Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS); el Ejército del ALBA; Petrocaribe, Petrosur y TeleSUR, el presidente brasileño ha mantenido una aparente actitud pasiva y a lo sumo se ha limitado a adscribirse a algunas de ellas. La falta de alternativas para neutralizar el proyecto de liderazgo chavista ha sido un elemento más para favorecer el protagonismo del presidente venezolano. Esta postura muy posiblemente responda, entre otras cosas, a la tradicional resistencia de Brasil de asumir los costes que implica ejercer un liderazgo regional y a la que no ha escapado el presidente Lula. A ello también se suma el temor a que en caso de tomar ciertas decisiones que compitieran con las ambiciones del líder venezolano, ello se tradujera en un posible distanciamiento con Venezuela y con ello el fin de las generosas ofertas de cooperación de Chávez, aunque no siempre acaben de concretarse.

Por lo que respecta a Estados Unidos, Brasil ha combatido persistentemente sus propuestas de integración comercial ya que eran una amenaza para sus intereses. Por ello se ha resistido a la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) o a los tratados de libre comercio (TLC), propuestos después del fracaso del ALCA. Estos tratados bilaterales eran una seria competencia para los intereses comerciales brasileños y amenazaban la propia existencia del MERCOSUR si alguno de sus miembros los hubiera firmado. Esto explica que las propuestas brasileñas siempre excluyan a Estados Unidos y se ciñan a América Latina. Esta última afirmación en realidad no es del todo exacta, ya que Brasil ha renunciado a la unidad latinoamericana para evitar la competencia mexicana. Una cuestión que queda evidenciada en la UNASUR, su proyecto más ambicioso. A los competidores por el liderazgo, hay que sumar la percepción de los socios de Brasil, ya que hay cierta desconfianza en la región. Bajo la sospecha de que UNASUR tenga un carácter fundamentalmente instrumentalista volcado exclusivamente en los intereses particulares brasileños y no de la región cabe la posibilidad de que éstos obstaculicen determinadas iniciativas.

Pese a los obstáculos descritos, también cabe señalar los importantes logros alcanzados y las últimas iniciativas adoptadas por Lula. En la Cumbre de Santiago de Chile, celebrada en el mes de septiembre, es posible comprobar el firme liderazgo de Brasil, donde el presidente brasileño con gran habilidad neutralizó a sus competidores y logró que triunfasen sus criterios.

La Cumbre de Santiago

Esta cumbre ha sido la primera reunión de la UNASUR desde su constitución, su finalidad fue contribuir a resolver la grave crisis política que paralizó Bolivia en aquel momento. Ante los graves actos de violencia resultantes del enfrentamiento entre el Presidente boliviano, Evo Morales, apoyado por los departamentos del Occidente del país, y los Prefectos de los departamentos del Oriente, los países miembros de la UNASUR manifestaron el "pleno respaldo" al presidente boliviano, según su resolución final. La contribución directa de la UNASUR para la resolución del conflicto mediante el diálogo y el respeto a la institucionalidad democrática se concreta en la constitución de diferentes comisiones. Aunque está por ver si esta declaración contribuye a resolver la crisis boliviana, lo que ya es posible constatar son algunas cuestiones relacionadas directamente con los equilibrios de poder de la región y que han sido determinantes en la redacción de esta declaración.

En este sentido cabe destacar la influencia de Brasil para lograr la unanimidad de todos los países miembros pese a las importantes diferencias e intereses existentes entre algunos de ellos. Brasil ha ejercido un liderazgo capaz de marcar las pautas de la reunión de mandatarios y establecer los términos fundamentales de la posición de la UNASUR. Esto se ha traducido en asegurar el compromiso tanto de Evo Morales como del resto de los miembros de la organización respecto a determinadas cuestiones planteadas por el presidente brasileño. En efecto, aunque apoyó a Evo Morales, condicionó este respaldo y el de la UNASUR al compromiso del mandatario boliviano de resolver el conflicto mediante el diálogo y no la confrontación. Así mismo el acuerdo particular de colaboración ofrecido por Lula a Bolivia, para reforzar la frontera común, reafirma el liderazgo ejercido por éste.

De la misma manera logró que no hubiera ninguna mención a los Estados Unidos en la declaración final pese a las tensas relaciones que determinados miembros de la UNASUR como Bolivia y Venezuela o incluso Argentina mantienen con la gran potencia a la que responsabilizan de todos los problemas existentes en América Latina. Aunque UNASUR responde a la intención de crear una organización propiamente sudamericana que evite el tutelaje de los Estados Unidos y con ello que no ensombrezca el liderazgo brasileño, esto no se ha traducido en una confrontación con los Estados Unidos mediante un discurso antiimperialista. La diplomacia brasileña ha repetido insistentemente, con gran pragmatismo, que la prioridad de lo latinoamericano no es incompatible con la convivencia armónica con los Estados Unidos ni con sus propuestas de dimensión hemisférica. De hecho la relación de Lula con los Estados Unidos es inmejorable, pese a la diferencia de planteamientos entre ambas potencias. Los norteamericanos han reconocido a Brasil como su principal interlocutor en la región ante las posibles amenazas a la seguridad regional. De esta forma con gran habilidad el presidente brasileño ha sido capaz de excluir a Estados Unidos sin que ello acarre perjuicio alguno, sino todo lo contrario.

La única mención, en el mismo documento de la UNASUR, al principio de no intervención en los asuntos internos de países soberanos, a pesar de ser una denuncia histórica de la región frente a las pretensiones intervencionistas de los Estados Unidos, en esta ocasión se ha interpretado como una advertencia a Venezuela. Las declaraciones de Hugo Chávez de reservarse el derecho de actuar militarmente en Bolivia, si Evo Morales era derrocado han sido denunciadas como una auténtica intromisión a los asuntos internos del país, como así lo han declarado las Fuerzas Armadas bolivianas. Por todo ello parece interesante hacer notar que con cada una de las iniciativas mencionadas Brasil no sólo ha afirmado su liderazgo sino que ha logrado neutralizar o contrapesar el liderazgo venezolano. Más allá de conseguir que sus propuestas sean asumidas por el resto de los países es preciso señalar que han sido opuestas a las venezolanas. La apuesta por el diálogo, por la institucionalidad democrática y la renuncia al antiimperialismo están en oposición con las amenazas de ocupación militar, la injerencia en asuntos internos o el agresivo discurso que habitualmente emplea Chávez frente a Estados Unidos. Este papel de contrapeso, ante el proyecto chavista, es el que se pide al Brasil desde hace tiempo. Esta labor sin embargo no se basa en excluir a Venezuela de los proyectos brasileños, muy al contrario, se trata de integrarla para así neutralizar la posible competencia, como así ha ocurrido en esta ocasión.

Es pronto para saber si la actuación de Brasil en la Cumbre de Santiago es meramente circunstancial, por su dependencia del gas boliviano, o por el contrario es parte de una firme determinación para comenzar a ejercer un liderazgo regional, asumiendo no sólo los beneficios sino también los costes de este papel. La inminente formalización del Consejo de Defensa sudamericano permitirá confirmar este supuesto. Este liderazgo sería conveniente ya que contribuiría a relajar las tensiones existentes en la región, que el Presidente Chávez tiene gran habilidad para atizar.

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