"Aspiro a un mundo sin armas nucleares". Por frases como esta al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, le concedieron el Premio Nobel de la Paz. No obstante, del dicho al hecho hay un buen trecho. Rusia y EEUU han aplazado hasta 2010 la firma del nuevo acuerdo de desarme nuclear que sustituirá al Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START).
En abril pasado Obama y el presidente ruso, Dmitri Medvédev, dieron a los negociadores de ambos países hasta el 5 de diciembre de 2009, fecha en la que expiraba el START -suscrito en 1991, meses antes de la desintegración de la Unión Soviética-, para ponerse de acuerdo sobre los parámetros del nuevo tratado. Es decir, ambas partes debían acordar en menos de ocho meses lo que a sus predecesores les llevó casi diez años.
Desde el principio quedó claro que las intenciones eran buenas, pero los plazos marcados no eran realistas. La llegada de Obama a la Casa Blanca cortó la hemorragia que estaba desangrando las relaciones entre ambas potencias nucleares, pero la desconfianza aún no se ha disipado por completo. Pese a que la URSS perdió por KO la Guerra Fría, su heredera, Rusia, quiere mantener la paridad nuclear a toda costa.
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El Presidente Barack Obama participa en una reunión bilateral con el presidente ruso Dmitry Medvedev durante la cumbre sobre el Cambio Climático en el Bella Center de Copenhague / kremlin.ru
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El Kremlin y la Casa Blanca se proponen reducir el número de cabezas nucleares con las que cuenta cada país a entre 1.675 y 1.500 unidades en los primeros siete años de vigencia del nuevo tratado. Según cifras oficiales rusas, este país cuenta con 3.909 cargas y 814 vectores. Mientras, EEUU tendría 5.576 cabezas y 1.198 portadores. La principal diferencia con el anterior tratado es que el nuevo acuerdo de desarme estratégico persigue la paridad casi absoluta en cabezas y vectores.
El recorte de cabezas no planteó muchos problemas a los negociadores que se afanaron desde un principio por consensuar sus posturas en Ginebra. Ambas partes admiten que el coste de mantenimiento de esos arsenales es desorbitado, lo que se hace aún más evidente en tiempos de crisis económica.
En cuanto a los portadores, los rusos abogan por reducirlos hasta los 500, mientras los estadounidenses se hacen los remolones y no bajan de los 1.100. Según la prensa rusa, el nuevo documento estipulará un justo medio entre ambos extremos, en torno a los 700-800.
Otro de los principales puntos de discusión ha sido el de las inspecciones. Rusia es partidaria de reducirlas al máximo, al considerar que éstas son un vestigio de la Guerra Fría. Hasta el 5 de diciembre, inspectores estadounidenses supervisaban la entrada y salida de cualquier carga de las plantas donde se fabrican los misiles intercontinentales Tópol, la joya de la corona del arsenal ruso, y su versión submarina, los Bulavá. Los rusos no pueden hacer lo mismo con sus réplicas estadounidenses, ya que estos se encuentran almacenados en silos, aunque aún son operativos.
A su vez, Rusia insistió en que el nuevo tratado excluya toda posibilidad de desplegar armas estratégicas ofensivas fuera de los territorios nacionales, lo que afectaría al escudo antimisiles estadounidense, que Moscú considera una amenaza directa para su seguridad. Obama pareció solventar ese problema al renunciar al despliegue de elementos del sistema antimisiles en la República Checa y Polonia, aunque más por motivos económicos, que por contentar a los rusos. No obstante, Moscú insiste en vincular los arsenales ofensivos y los defensivos en el tratado.
Por el momento, se desconocen los parámetros del nuevo escudo. Sólo se sabe lo que ha desvelado el Pentágono. El nuevo escudo será más flexible, móvil y barato. Es decir, los radares y misiles serán emplazados en buques, previsiblemente los de las Sexta Flota en el Mediterráneo. Su objetivo serán los misiles de medio y corto alcance de regímenes denostados por Washington, y no los de largo alcance, como hasta ahora. Sea como sea, Irán sigue siendo la amenaza que justificaría el escudo.
Un día antes de que expirara el START, ambas partes se pusieron de acuerdo en prolongar su vigencia. Se rumoreó que el acuerdo se firmaría en Copenhague durante la cumbre del cambio climático el 18 de diciembre, pero las esperanzas no se cumplieron. Los negociadores insisten en que han consensuado casi todos los parámetros del tratado y que sólo quedan algunos detalles por acordar. Sea como sea, se tomaron un respiro navideño y continuarán las negociaciones en el nuevo año.
En cualquier caso, nadie duda de que el nuevo tratado será firmado, ya que ambos líderes son firmes partidarios de la progresiva reducción de arsenales estratégicos, pese a que algunos diputados rusos y los senadores republicanos se oponen.
El Kremlin y la Casa Blanca aducen que el tratado servirá de precedente para otros países interesados en entrar en el selecto club de potencias nucleares. Además, tras la firma del nuevo START, Occidente tendrá nuevos argumentos para exigir a Irán y Corea del Norte que abandonen definitivamente sus ambiciones nucleares.
Fotografía de portada: Pete Souza.

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