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Mahmoud Ahmadinejad durante una entrevista colectiva / wiki.org |
A finales del mes de noviembre pasado, el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad fue recibido en Brasilia por el presidente Lula. La voluntad de Brasil de exhibir una política exterior sin exclusiones ha resultado totalmente oportuna para Irán.
El éxito que la visita supone para la República Islámica es claro por dos razones: por el tiempo transcurrido desde la última cuando el Sha lo hizo en 1965 y por tener lugar solo días después de haberlo hecho Shimon Peres (pasados 40 años desde que un presidente israelí visitase Brasil). Como contrapartida, Lula será recibido en Irán durante los primeros meses de 2010.
Pero no solo eso, ser recibido aunque solo sea unas horas por uno de los dirigentes más populares de la escena política internacional, en el país más influyente de América del Sur, resulta algo más que un éxito diplomático para un Irán que busca, en esa región del planeta, legitimidad a su causa nuclear.
En el transcurso de la visita ambos líderes mostraron, prudencia Lula y moderación Ahmadineyad. El primero animando a Irán a "continuar los contactos con las grandes potencias para lograr una solución justa y equilibrada a la cuestión nuclear" y el iraní reafirmando el derecho de su país a desarrollar energía nuclear "con fines pacíficos y absolutamente en el marco de los acuerdos internacionales" reiterando al tiempo el interés de Irán en adquirir uranio enriquecido bajo control de la AIEA, aunque no a cualquier precio de índole política o técnica.
Si bien la diplomacia brasileña sabía del interés de Irán por recabar el apoyo a sus tesis, en absoluto se sentía presionada, debido en gran parte a la determinación y rapidez en reconocer al régimen de Teherán tras la discutida reelección de Ahmadineyad el pasado mes de junio. En aquel entonces Brasilia consideró "imposible" que hubiera habido fraudes en masa, lamentó que "la oposición no aceptara el resultado" y el propio Lula llegó a comparar la batalla electoral entre Ahmadineyad y sus adversarios con la rivalidad que existe entre el Flamengo y el Vasco, los dos principales equipos de futbol de Río de Janeiro.
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Mahmoud Ahmadinejad y Luiz Inácio Lula da Silva, 23 de diciembre de 2009 / wiki.org |
La visita no fue del agrado de todos los brasileños y hubo manifestaciones de protesta en las principales ciudades del país. También es cierto que, alguno de "los múltiples brasiles de Brasil" estuvo al mismo tiempo y en los mismos lugares, mostrando mujeres con la cabeza cubierta y decenas de banderas de Irán, al tiempo que gritaba a favor del huésped de Estado.- A pesar de los 13 acuerdos de cooperación firmados durante la misma, la oposición acusó a Lula de "no tener nada que decir sobre la sangrienta supresión del movimiento pro reforma democrática en Irán, la negación del holocausto por parte de Ahmadineyad ni sobre el derecho de Israel a existir".
A todo esto, parece ser que el presidente norteamericano Barack Obama, lejos de cuestionar la recepción al gobernante iraní, y de ahondar en la postura de Brasil respecto al depuesto presidente de Honduras, pidió por carta a Lula que aprovechase el encuentro para promover el compromiso de Irán de aceptar la propuesta del Grupo 5+1?, encargado de negociar su programa nuclear.
¿Qué hay detrás de esta que algunos ven, radicalización de la política exterior brasileña? Algunos analistas brasileños dicen que el éxito económico se le ha subido a la cabeza a Lula, mientras que otros señalan que es parte de la campaña de Brasil para obtener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Lo más probable, sin embargo, es que se deba a motivos de política interna. Brasil celebrará elecciones presidenciales en octubre del 2010, y Dilma Roussef, la candidata de Lula, está por detrás del gobernador del Estado de São Paulo, José Serra, en las encuestas. Tanto Roussef como Serra son candidatos de centro-izquierda, y lo que posiblemente Lula esté intentando es impedir que su jefa de gabinete sea rebasada por la izquierda, presentando a Serra (quien ha criticado el respaldo de Lula a Ahmadineyad) como un aspirante con escasas credenciales "progresistas".

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