Sí hay un tema que representa una herida abierta en la sociedad israelí actual, es sin duda, el secuestro del soldado israelí Gilat Shalit. El soldado de 23 años de edad fue secuestrado el 28 de junio de 2006 por milicianos islamistas en la franja de Gaza. Desde entonces, su liberación se ha convertido en el centro de un pulso de imagen entre Hamás e Israel para ver quién aguanta más en ceder a las presiones y demandas del otro.
Cuando uno pasea por la avenida Rotschild de Tel Aviv, en pleno centro de la ciudad, entre otras cosas, puede ver como ondean banderas de apoyo al soldado y a su familia en los balcones de las casas. No obstante, en sus más de tres años en cautividad, ni la presión de unos padres perseverantes, ni una campaña de relaciones públicas excelente donde se ha implicado a toda la sociedad israelí, no han sido suficientes para que la administración ponga fin al cautiverio del soldado.
En estas últimas horas, parece ser que tras duras negociaciones en el seno de la administración hebrea se ha conseguido dar una respuesta a las exigencias de Hamás. Tal y como informa el periódico israelí Yedihot Aharonot en su edición del martes, Hamás confirma haber recibido una respuesta de aceptación condicionada a su propuesta de intercambio de presos palestinos por la liberación del soldado.
El ministro de Defensa, Ehud Barak, dijo el martes que la liberación del soldado de las Fuerzas de Defensa Israelíes, Gilad Shalit, es un asunto de alta prioridad para su ejecutivo, no obstante, subrayó que el gobierno israelí no está dispuesto a pagar cualquier precio. En esta línea, añadió que "El gobierno de Israel y el ministerio de Defensa están trabajando duramente para encontrar el camino correcto para avanzar en el asunto de Shalit".
Con estas declaraciones y las reuniones mantenidas por las distintas partes implicadas durante las últimas horas, se pone otra vez sobre la mesa, la liberación del soldado como prioridad nacional. La respuesta de Israel a la propuesta de Hamás, llega después de una larga reunión mantenida el lunes por la noche por el gabinete de Defensa del Primer Ministro Netanyahu, que no ha querido dar una respuesta pública al respeto. El gabinete discutió intensamente todos los aspectos sensibles para la seguridad del país que podría desatar una decisión precipitada.
La negociación de un acuerdo, corre el riesgo de terminar otra vez más en punto muerto como ya sucedió hace meses bajo mediación egipcia. Fuentes árabes no oficiales, confirmaban a la prensa israelí, que el mediador alemán Ernst Uhrlau, ha pedido a Israel un impulso para cerrar el acuerdo. Los puntos conflictivos para Israel incluyen la deportación de presos conflictivos, la oposición a liberar algunos dirigentes palestinos emblemáticos como Barghouti o Ahmed Sadat, así como la liberación de presos árabe-israelíes, puntos que para Hamás podrían ser razón suficiente para no aceptar ninguna propuesta.
Por su parte, después de tal expectación, funcionarios de Hamás han hecho constancia del recibimiento de la última propuesta israelí sobre el asunto. La propuesta israelí llega en medio de la polémica suscitada dentro del propio gobierno y de la sociedad del país respeto a que posición el gobierno debe tomar ante un conflicto ético de tal envergadura: liberar terroristas a cambio de liberar a un soldado. El miedo israelí reside en dónde irían los presos liberados y en el riesgo que hay de que estos vuelvan a atacar.
Sin querer hacer ninguna declaración al respeto, ni el gobierno, ni la familia del soldado, han hecho público el contenido detallado de la oferta israelí. Por su parte, Netanyahu, ha preferido no pronunciarse y ha defendido la actuación del jefe de las fuerzas israelíes, Gabi Ashkenazi. El teniente general Ashkenazi, ha sido duramente criticado esta semana por dar su apoyo a un posible intercambio con Hamás al mismo tiempo que ha mostrado su preocupación por la seguridad del país.
Las nuevas reuniones y la nueva propuesta que saldrá de estos últimos días, pone de manifiesto las dificultades de decisión de un ejecutivo delante una situación en la que el honor y la seguridad nacional se ven en entredicho. En un último intento de solucionar un problema, que lleva ya tres años sin resolverse, la sociedad israelí y la clase política del país, se debate de nuevo entre dejarse guiar por los valores éticos o negociar la liberación de presos terroristas.

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