El Almirante Mike Mullen, Jefe del Estado Mayor Conjunto, ha dado a conocer los principales objetivos estratégicos de Estados Unidos para el 2010. A través de un memorandum de seis páginas dirigido al Estado Mayor Conjunto, Mullen señala que las tres prioridades que se marcó cuando tomó su actual cargo (2007) siguen siendo relevantes:
1) Mejorar la estabilidad y defender los intereses nacionales de Estados Unidos en la amplia zona que media entre Oriente Medio y el sur de Asia Central.
El objetivo de la Estrategia del Presidente Obama en Afganistán y Pakistán es claro: desbaratar, desmantelar y derrotar a Al-Qaeda en ambos países, y prevenir que dicha organización tenga capacidad para amenazar a Estados Unidos y sus aliados en el futuro. Para cumplir dicha misión, Mullen recomienda que los principales esfuerzos deben dirigirse hacia la capacidad de desplazar fuerzas en el teatro de operaciones tan rápido como sea posible; concluyendo que "cómo se utiliza la fuerza en muchas ocasiones es más importante que el número de las mismas".
2) Énfasis en la Salud de las Fuerzas Armadas
La principal responsabilidad sigue siendo ganar las guerras a la vez que se dedica mayor atención al cuidado de "nuestros soldados y familias". Mientras que se reconoce que Estados Unidos sigue siendo la principal potencial mundial, se hace hincapié en que la presión sobre las tropas es cada vez mayor y real. Según datos oficiales del Pentágono, recogidos por IAVA (la Asociación de Veteranos de Iraq y Afganistán), a día de hoy 4.373 soldados norteamericanos han muerto en Iraq; 929 en Afganistán; y 35.991 han sido heridos en acción.
En dicho contexto, destaca que el número de suicidios entre las tropas durante el 2008 fuera en aumento con respecto a años anteriores, con un total de 128. Si bien estos datos no contabilizan a los veteranos de guerra, datos que aumentarían ya que en estos últimos el problema siguen en aumento, como ha reconocido el director ejecutivo de IAVA, Paul Rieckhoff.
3) Equilibrio Estratégico Global para disuadir la proliferación de conflictos y estando siempre preparados para actuar de forma decisiva en la batalla en caso de que la disuasión falle.
Las amenazas transnacionales siguen siendo relevantes: terrorismo, proliferación, desastres naturales, tráfico ilícito, piratería y ataques cibernéticos. Destaca la referencia a la nueva amenaza "cibernética" y pide un mayor incremento de capacidades e integración de los distintos organismos para hacerle frente. Igualmente, Mullen señala la escasa comprensión que todavía tenemos sobre los futuros conflictos derivados por el control de los recursos naturales (agua, energía y otros escasos). Finalmente, apunta que la presión sobre la proliferación nuclear y la tecnología de misiles siguen en aumento, principalmente con el temor de que dichas capacidades y know-how puedan caer en manos no deseadas.
En resumen, Mullen concluye que "la mejora de la disuasión es esencial a la hora de dar un equilibrio a los riesgos globales, así como actualizar los sistemas y procesos de alerta". Concluyendo que "la tarea principal de las fuerzas armadas y de las actividades militares debe ser la de proveer apoyo y no la de liderar la política exterior".

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