Tras más de un año de tensión debido al conflicto en Georgia de agosto de 2008, que "nos retrotrajo a la Guerra Fría", según palabras
de los propios protagonistas, Rusia y la OTAN han decidido firmar las paces o, más bien, un armisticio.
La primera visita, esta semana, a Moscú del nuevo secretario general aliado, el danés Anders Rasmussen, y su reunión con los principales líderes rusos ha espantado los fantasmas de una ruptura irreversible, pero sus resultados son más formales, que prácticos.
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Reunión entre Rasmussen y Medvedev en la primera visita del Secretario General de la OTAN a Rusia / NATO |
Es cierto que Rasmussen ha abierto nuevas vías de cooperación política y militar cruciales para la seguridad de ambas partes, pero la desconfianza y las discrepancias siguen siendo más poderosas que las buenas intenciones y los puntos en común.Consciente de ello, el líder aliado optó por centrarse en Afganistán, país en el que la OTAN se juega gran parte de su presente y su futuro. Propuso a Rusia una participación más activa en forma de suministros de helicópteros, entrega de armamento a bajo precio y formación de las fuerzas de seguridad afganas.
Además, y esto es lo que más le interesa a la OTAN, Rasmussen preguntó al Kremlin sobre la posibilidad de permitir el tránsito terrestre de tropas y armamento con destino a Afganistán. Debemos recordar que, por el momento, Rusia únicamente permite el transporte de cargamentos militares vía aérea.
Durante los últimos años, Rusia ha seguido con cierta satisfacción las dificultades cada vez mayores de los países occidentales en Afganistán, país donde las tropas soviéticas vivieron su particular Vietnam en la década de los 80 del siglo XX, lo que a la postre fue uno de los detonantes de la desintegración de la URSS.
A los rusos no les pillaron desprevenidos las propuestas, que habían sido filtradas días antes por la Prensa local, pero su respuesta fue tibia. "El presidente, Dmitri Medvédev, nos ha encomendado que las estudiemos", señaló Serguéi Lavrov, ministro de Exteriores.
Los analistas consideran poco probable que Moscú acceda a todas estas peticiones, aunque todo depende, según Lavrov, de cómo los aliados respondan a las ofertas rusas.
De Afganistán, a los rusos sólo les interesa el narcotráfico, para lo que esperan ponerse de acuerdo con la OTAN para crear un mecanismo que les permita cercenar las redes de entrada y distribución de la droga afgana en Euroasia.
Pero lo que realmente les interesa a los rusos es que los Estados Unidos y los aliados se avengan a debatir públicamente el nuevo tratado de seguridad europea propuesto por Medvédev.
Por el momento, poco se sabe de esa iniciativa, aparte del archiconocido argumento ruso sobre la necesidad de frenar la expansión de los bloques militares. La impresión es que el Kremlin quiere cambiar las reglas del juego vigentes en Europa desde la segunda guerra mundial y que la OTAN deje de tratarle como el heredero de la Unión Soviética.
La respuesta de Rasmussen no pudo ser más contundente: "No veo la necesidad de un nuevo tratado, ni considero que vaya a ser útil, pues ya contamos con acuerdos que ofrecen marcos óptimos para la cooperación y la seguridad
continental".
Otros aliados también sospechan que lo que Rusia busca es vetar la expansión de la Alianza a países como Georgia y Ucrania, algo imposible, cuando la misma ampliación del bloque es una de las razones de ser de la existencia de la OTAN.
En el resto de asuntos, las partes no acercaron ni un ápice sus posturas. Especialmente sangrante es el asunto georgiano, ya que Rasmussen insistió en defender la soberanía del país caucásico y llamó a Rusia a retirar sus tropas de las regiones separatistas de Abjasia y Osetia del Sur.
En resumen, la visita abre una nueva etapa de cooperación, ya que los contactos prácticamente estuvieron suspendidos durante más de un año, pero queda mucho trabajo por hacer para que la OTAN y Rusia puedan coordinar sus políticas de seguridad tanto en el continente como en otros lugares.

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