Sólo dos semanas después que Carlos Echeverria se preguntase en estas páginas ¿Hacia donde va Irak? La realidad iraquí nos presenta un panorama claroscuro. Al desbloqueo de las próximas elecciones legislativas con la aprobación de una nueva ley electoral y la fijación del 7 de marzo como fecha para realizarlas, han seguido, dos días después, cinco atentados en el centro y sur de Bagdad que han causado 127 victimas mortales y cientos de heridos, que recuerdan que existe una insurgencia activa dispuesta a impedir la consolidación de las instituciones en Irak.
La coordinación y sincronización de los ataques en una hora de plena actividad en la ciudad y la elección de los objetivos como el banco Rafidayn donde trabajaban funcionarios del Ministerio de Economía destruido en anterior atentado, o la nueva sede del Juzgado de Casación, también destruido en otro atentado, dan idea de una planificación y preparación que excluye se trate de objetivos de oportunidad, y presuponen la existencia de una insurgencia con suficiente determinación y medios para llevarlos a cabo, tanto se trate de Al Qaeda en Mesopotamia o restos del antiguo partido Baaz, a los que ha responsabilizado el gobierno.
El hecho que estos atentados se hayan producido un mes después del "domingo sangriento" que destruyó el Ministerio de Justicia y el Consejo Provincial, y a otro de los más sangrientos ocurrido en agosto contra los Ministerios de Economía y Exteriores, indica una tendencia a efectuar atentados de gran resonancia y significación, tanto por los objetivos escogidos como por la magnitud de las victimas, seguidos de periodos de calma que sirven para que la policía baje la guardia.
Es indudable que el objetivo prioritario de la insurgencia es demostrar que Irak no está preparado para consolidarse como Estado, y para ello fomentan con atentados las tensiones sectarias, y el temor de la población para acudir en masa a los comicios. Estos atentados también son un golpe para el primer ministro Nuri Al Maliki que juega la baza de la seguridad conseguida y ahora puesta en tela de juicio.
El retraso de dos meses de las elecciones también puede complicar la retirada de las fuerzas norteamericanas, máxime ante la ineficacia demostrada por las fuerzas policiales, que la destitución del jefe de operaciones de la seguridad en Bagdad, general Abud Qanbar, difícilmente podrá mejorar.
Pero el cuadro completo de la realidad actual de Irak tiene otros aspectos - aparte de las dificultades políticas y de seguridad- más positivos cara al futuro como es el caso del interés de las grandes compañías petrolíferas por tener acceso a las reservas iraquíes, que con sus 115.000 millones de barriles, constituyen las terceras del mundo.
Aunque el primer intento de Irak por abrir su industria petrolífera a la inversión extranjera este verano no tuvo éxito, por entender las compañías que la oferta iraquí por barril era mucho menor que sus expectativas, ahora si han aceptado unas condiciones similares, convencidos de la importancia que más adelante revestirá tener acceso a los campos del sur de Irak.
Tras meses de negociaciones secretas el consorcio formado por ENI, Occidental y Gas Corea, ha firmado un contrato preliminar para desarrollar el campo de Zubayr que cuenta con unos 4.100 millones de barriles. A su vez, Exxon y Shell han firmado contratos iniciales para desarrollar el campo de Qurna Oeste, uno de los más solicitados, al estimar que puede tener 8.600 millones de barriles.
También se ha producido la ratificación del único acuerdo alcanzado en la subasta de junio entre la británica BP y la china CNP por el campo de Rumaila que con una estimación de unos 17.800 millones de barriles es uno de los mayores del mundo.
Solo con la explotación de estos tres campos, el gobierno espera elevar la producción en seis años de los 2,5 millones b/d actuales a 7millones b/d, con lo que Irak pasaría ser el cuarto productor mundial en lugar del decimotercero que ocupa actualmente.
Sin embargo, para que las empresas internacionales lleguen a invertir los miles de millones necesarios para la renovación de la decrepita industria petrolífera iraquí, habrá que esperar a que las elecciones tengan éxito y el país viva un periodo de relativa calma cosa, que por el momento, todavía está en duda.

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