El anuncio de la nueva estrategia en Afganistán tras meses de consultas y deliberaciones, y las medidas no hechas públicas que la acompañan, suponen para Pakistán nuevos quebraderos de cabeza que se suman a las dificultades internas que atraviesan.
El importante aumento de tropas permitirá una intensificación de la lucha en suelo afgano, especialmente en el suroeste en las zonas próximas a la frontera pakistaní. Una acción que puede provocar el repliegue de los talibán hacia Pakistán donde contribuirán a generar una mayor inestabilidad.
Pero todavía preocupa más en Islamabad el hecho de haber fijado una fecha -verano de 2011- como principio del fin de la intervención en Afganistán. Un límite de permanencia que a pesar de estar condicionado - "si lo permiten las condiciones sobre el terreno"- recuerda, inevitablemente, el abandono norteamericano a Pakistán en 1989 tras la retirada rusa de Afganistán.
La alusión a Pakistán en la alocución del presidente Obama en West Point ha sido escasa y poco clara, limitándose a un vago recordatorio del compromiso de asociación y la solidaridad que tienen con el país, aunque, apuntando eso si, que "hay más en juego en un Pakistán con armas nucleares", debido a que Al Qaeda y otros grupos extremistas buscan obtener armas nucleares y utilizarlas.
Sin embargo si se han tomado medidas concretas en Pakistán como la autorización de intensificar el programa de ataques con aviones no tripulados (UAV) Predator y ampliarlo a otras zonas fuera de las áreas tribales, como Beluchistan, donde se cree se esconden los lideres talibán afganos. Una medida controvertida que contribuirá a alentar la inestabilidad en Pakistán por tratarse de una región con claros sentimientos secesionistas y que aumentará el creciente sentimiento antinorteamericano.
El papel de Pakistán en la nueva estrategia norteamericana
Pakistán ha sido en el pasado, y continua siendo en la actualidad, clave para la solución del conflicto afgano, pero a veces también es parte del problema por la vinculación ideológica y religiosa que une a los pastún de ambos lados de la porosa "Línea Durand".La administración Obama así lo ha reconocido desde el primer momento, hasta el punto de bautizar como "Af-Pak" al teatro de operaciones de la lucha contra el terrorismo. El nombramiento de un enviado especial para la zona, Richard Holbrook, y los continuos viajes a Islamabad de personalidades, directores de la CIA, y altos mandos militares, unido al despliegue de más de 700 diplomáticos y otros 2.000 norteamericanos, dan idea de la preocupación norteamericana por conseguir una mayor implicación de Pakistán en la lucha fomentando operaciones en las áreas tribales como la ofensiva en Swat de la primavera pasada y la reciente llevada a cabo en Waziristan del Sur.
Permitir la intensificación del empleo de los UAV,s que ha pasado de ser esporádico en el periodo 2004-2007, a más de 80 ataques en menos de dos años, puede ser una contribución decisiva de Pakistán en la lucha contra el terrorismo pero con un gran coste político. Los Predator armados con misiles Hellfire han conseguido acabar con más de 400 militantes, entre ellos algunos dirigentes destacados como Baitulla Meshud, líder de Tehrik-e-Talibán, principal organización de los talibán pakistaníes. Pero los Predator también han ocasionado "daños colaterales" que algunos informes cifran en 250 victimas civiles. Por ello el empleo de los UAV,s es impopular en Pakistán que los considera una violación de su soberanía, hasta el punto que según encuestas recientes la mayoría de los pakistaníes ven en EEUU una amenaza mayor que su gran enemigo India. Por su parte, el gobierno pakistaní, a pesar de sus comentarios en contra, secretamente proporciona inteligencia, propone objetivos y permite que los Predator despeguen desde su suelo.
Para contrarrestar la antipatía hacia Estados Unidos alentada por los medios de comunicación pakistaníes, y apoyar al débil gobierno de Islamabad, Washington ha aprobado la concesión de una ayuda civil por valor de 7.500 millones de dólares en cinco años que se suma a los 1.000 millones de dólares anuales que Pakistán recibe como ayuda militar. Sin embargo, los condicionantes que acompañan a la ayuda - dejar de prestar apoyo a grupos terroristas y desmantelar los que operan desde Quetta y Muridke- que la cúpula militar ha calificado de interferencia en la seguridad nacional, solo han servido para agravar las tensiones internas de Pakistán.
Pakistán atraviesa una situación delicada tanto por la creciente oleada de atentados a lo largo de todo el país, como por la crisis económica y la débil posición del presidente Asif Ali Zardari, consecuencia de sus propios errores por los casos de corrupción y los enfrentamientos con sus oponentes políticos que ahora, además, incluye discrepancias con las fuerzas armadas.
Todas estas circunstancias ponen de relieve las difíciles relaciones de Pakistán con Estados Unidos ya que persiguen diferentes objetivos. Mientras estos tratan de destruir las redes terroristas de Al Qaeda y los talibán tanto afganos como pakistaníes, Pakistán tiene que tener en cuenta que necesita un gobierno amigo en Afganistán que ofrezca profundidad estratégica ante su enemigo India, máxime ahora que India ha conseguido poner pie en Afganistán. Por ello, a Pakistán no le beneficia cortar las relaciones con los taliban afganos, único apoyo que tendrán en aquel país.
En definitiva, Pakistán tiene ante si un periodo difícil, no solo por su inestabilidad política, dificultades económicas e incremento de la actividad terrorista en su suelo, sino de manera muy especial por los retos que tendrá que afrontar en un futuro no muy lejano ante la salida de EEUU de Afganistán.

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