La sociedad española, los españoles, han de ser los más interesados en que el Centro Nacional de Inteligencia, CNI, sea eficaz en el cumplimiento de sus importantes misiones de seguridad y defensa.
Nuestro Servicio de Inteligencia está entre los más considerados del mundo y es bueno que los servicios similares de otras potencias con intereses comunes a los nuestros confíen en nuestra probidad y capacidad para proteger el secreto en los flujos de intercambio informativos tan necesarios.
No pretendemos abundar en "una hipertrofia del secreto". Éste será obligado o recomendable para proteger buena parte de la actividad operativa, pero también es conveniente que nuestro Centro haga pedagogía pública de sus actividades y cometidos, gane en proximidad y transparencia para que los ciudadanos se sientan más próximos al mismo y se logre más adhesión y colaboración social.
El secreto con el que deberá realizar una buena parte de sus actividades no le da impunidad. Sometido a las leyes, su Director debe dar cuenta de su gestión ante sus superiores orgánicos, la ministra de Defensa y el Presidente del Gobierno e informar en la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso de los Diputados.
Si bien en la sociedad española aparecen esporádicamente síntomas de falta de cohesión y respeto a sus elementos institucionales, así vemos estos días a dirigentes políticos que cobran del erario público, crispar y soliviantar a sectores de opinión pública deslegitimando al Tribunal Constitucional, en una sociedad normalizada como la que aspiramos ser y en la que ésta, en buena parte sienta las instituciones como suyas y sea un valor comúnmente aceptado el respeto de la legalidad, serían los propios medios de comunicación quienes no nos deberíamos prestar a difundir actividades secretas del CNI, aunque nos suponga prescindir de exclusivas o espectaculares portadas; porque lo que se publicaría sería la filtración de secretos realizada por un miembro del servicio. Esto es que se estaría colaborando con un delincuente desleal y además contribuyendo a vulnerar la seguridad y el desprestigio del propio CNI. ¿Quién conformaría en él para compartir información o actividades clasificadas?
En los pasados días se han publicado, en relación con el secuestro del Alakrana, actuaciones operativas atribuidas a miembros del CNI que por su naturaleza deberían ser secretas; lo que, de ser cierta, la información resultaría preocupante. Afortunadamente, la lectura crítica de lo publicado pone de manifiesto aspectos poco verosímiles y que no se corresponden bien con las formas y métodos de actuación de los agentes de los servicios.
Si como parece deducirse no es buena la información que se ha hecho llegar al medio que la publicó, cabe preguntarse si todo ha sido tan sólo fruto de una frivolidad.

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