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Obama y su estrategia de guerra

Daniel Rajmil

   sábado, 05 de diciembre de 2009

Esta semana el presidente norteamericano Barack Obama, ha presentado su nueva estrategia militar para combatir la insurgencia de los talibanes en Afganistán. El presidente apuesta con este nuevo plan por el aumento de tropas y asegurar así una retirada militar para mediados de 2011 que permita la instauración de un gobierno estable.

Las directrices del nuevo plan militar son ambiciosas y pretenden establecer una fecha para la retirada de tropas, todo un reto para la administración americana. El plan aumenta en 30.000 las tropas desplazadas en las zonas más conflictivas del país y busca reducir los focos de rebeldes. En paralelo, se pide un aumento de tropas por parte de la OTAN, y se busca combatir de manera coordinada para controlar los focos de insurgencia. Otro objetivo del plan es el entrenamiento del ejército y la policía afganos para asegurar la estabilidad del país una vez la retirada se haga efectiva.

No obstante, se debe analizar con cautela el nuevo plan militar, valorar sus debilidades y sus puntos fuertes. Y por encima de todo, tener en cuenta que el congreso de los Estados Unidos es quien debe decidir si aprobar el plan o no. En un clima de crisis y recesión global, un nuevo drenaje del presupuesto hacia fines militares no es bien visto por algunos sectores de la sociedad americana. En un afán de presentar y convencer de la necesidad de aprobación del plan, miembros del gobierno y altos mandos militares comparecieron ayer ante la comisión de asuntos militares del Senado para presentar la estrategia militar del presidente Obama.

Las reacciones políticas al plan no se han hecho esperar. John McCain, rival republicano de Obama en las elecciones de 2008, dijo que apoya el plan del presidente, pero que no apoya y le preocupa, la decisión de fijar una fecha de retirada de tropas, ya que ofrece una imagen de debilidad al enemigo.

La nueva estrategia para Afganistán ha sido presentada como la solución para el problema de los Talibán y Al Qaeda en la zona, calificado por Obama como el cáncer de la zona y ha prometido ayuda al vecino Pakistán para acabar con el problema. Pakistán por su parte, implicado directo en el nuevo plan, teme un incremento de combates que fuerce a los distintos milicianos a huir hacia la zona suroeste de su país, Baluchistán, donde el gobierno ya mantiene una intensa lucha contra los Talibanes. La respuesta del ministerio de asuntos exteriores de Pakistán, ha sido cautelosa y breve, remitiéndose a pedir una mayor claridad en la nueva política americana.

El punto conflictivo de la nueva estrategia es la preparación de los cuerpos de seguridad afganos que deben tomar el relevo de la situación en un futuro próximo, la incertidumbre logística de si serán capaces de asumir tal tarea se mantiene abierta. Por otro lado, la cooperación con Pakistán, aliado en la zona, se presupone en el plan e incluso se intensifica. Sin embargo, el plan no ha sido tan bien recibido por Pakistán, que ve en el plan una amenaza para su integridad territorial si la acción americana desplaza la insurgencia hacía el suroeste de su país.

El plan reorienta el despliegue militar actual en Afganistán, y propone endurecer la acción contra una de los problemas más graves que acechan a la seguridad internacional. La decisión de querer solventar el problema es importante y se pone de manifiesto de una manera contundente en la determinación de afrontar el terrorismo islámico. No obstante, los recelos en muchos países e incluso la desconfianza creada en Estados Unidos ponen en duda la viabilidad del plan, una verdadera prueba de fuego para el primer mandato de Obama. La apuesta es alta, pero los logros y los beneficios que puede aportar a la zona lo son todavía más.

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