Los días 19 y 20 de noviembre se realizó, en la ciudad de Quito, un seminario internacional convocado por la dirección pro tempore del Consejo de Defensa Suramericano relacionado con la temática de la modernización de los Ministerios de Defensa.
Podría aparecer como sorprendente que después de casi dos décadas de iniciados los procesos de transición democrática, estuviésemos hablando de incipientes procesos de modernización del sector defensa, expresado en su máxima instancia de conducción, como lo es el Ministerio correspondiente. Pero esta perplejidad es un síntoma de procesos que han costado muchísmo en instalarse y que paulatinamente se abren paso y se constituyen en valores políticos de la democracia, aunque no sea todavía del todo un consenso nacional.
Sin lugar a dudas hay retrasos evidentes en asegurar una conducción civil, madura, proyectiva del sector defensa a partir de la consolidación de los Ministerios de Defensa. Los repasos por las experiencias subregionales nos hablan de su disparidad y asincronía.
Es bueno recordar que el Ministerio en Brasil es de hace un par de años, después de fuertes roces con las Fuerzas Armadas que disponían de estructuras propias y vinculación directa con la Presidencia. En el caso de Perú, la interesante reforma del año 2002 se vió paralizada por los vaivenes de la política interna y ahora se retoma en sus fundamentos originales. Por su parte, el gobierno boliviano ha planteado una reorganización ministerial que apunta a recoger las nuevas misiones de las fuerzas armadas y el entorno político-estratégico del desarrollo nacional, mientras que Ecuador ha asumido el desafío de actualizar sus estructuras, para también adecuarla a los nuevos requerimientos nacionales, apoyándose en la experiencia argentina.
Colombia ha asumido el papel preponderante que el Ministerio de Defensa cumple en su compleja política interna y ha enfocado su modernización no solo en las estructuras, sino también en los aspectos jurídicos, formativos y en la presencia civil en cargos fundamentales. En el caso chileno, a pesar de la estabilidad política y la modernización de las fuerzas, el Ministerio es el eslabón débil de la cadena, puesto que recién se discute su ley respectiva. Quizás el caso más emblemático es el argentino, que ha logrado consolidar una fuerte conducción democrática, con interesantes procesos de modernización de estructuras, gran participación civil y afianzamiento de lo conjunto.
Queda en la retina de los debates del seminario, que todavía queda mucho por hacer, particularmente en temas como la transparencia institucional, la participación de civiles, la estabilidad funcionaria, los esquemas de conducción conjunta y la articulación de una burocracia en forma para la mejor elaboración de esta política pública.

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