La reforma militar rusa, incluida la reconversión de su industria de defensa, continúa siendo noticia. Moscú, consciente de su debilidad en armamento convencional, intenta acelerar la transformación de sus fuerzas armadas y confía en que su arsenal nuclear le sirva de escudo mientras tiene lugar dicho proceso.
Durante su discurso el pasado 12 de noviembre ante las Cortes rusas, el presidente Dmitry Medvedev enfatizó una vez más la necesidad de equipar a las fuerzas armadas de su país con material avanzado. Aunque el eje general del discurso fue la modernización de la economía rusa, y así lo recogieron la mayoría de los medios de comunicación, Medvedev no solamente se refirió a la industria bélica, sino que lo hizo en términos muy específicos, señalando objetivos cuantitativos para el próximo año.
Concretamente, el presidente ruso afirmó que la industria de defensa de su país debe entregar el 2010:
. Más de 30 misiles balísticos, basados en tierra y mar.
. 5 sistemas de misiles Iskander.
. Unos 300 vehículos blindados.
. 30 helicópteros.
. 28 aviones de combate.
. 3 submarinos nucleares.
. 1 corbeta.
. 11 vehículos espaciales
Este aspecto del discurso no constituye ninguna novedad, aunque sí lo es el anuncio público de objetivos detallados, enmarcándose dentro de un conjunto de reformas militares actualmente en curso y confirmando la postura adoptada por el presidente ruso en su reunión con los máximos dirigentes del ministerio de defensa celebrada el 17 de marzo de este año.
El rearme comenzará en 2011
La fecha fijada por Medvedev para iniciar el rearme ruso es el 2011. A que se debe esta espera si tan urgente es la tarea en sus propias palabras? Los motivos del retraso son básicamente dos, por una parte la difícil situación económica rusa y la decadencia de su industria de defensa, y por otra el miedo del Kremlin a que si el rearme precede a las reformas los sectores inmobilistas de las fuerzas armadas evitarán que éstas lleguen a buen puerto.
El rearme es en cierto modo la zanahoria, el incentivo para que los altos oficiales de la vieja escuela acepten una serie de reformas que no ven con buenos ojos, y que en opinión de muchos harán que las fuerzas armadas rusas se parezcan demasiado a las de la OTAN. Estas reformas ya se han iniciado, con la reciente transformación por ejemplo de las divisiones en brigadas, pero aún queda mucho para que puedan considerarse completadas con éxito. Se trata de importantes cambios en todos los órdenes, desde la creación de una auténtica escala profesional de suboficiales (columna vertebral de cualquier ejército moderno) a la reducción del número de oficiales (excesivo en relación al volumen de tropas), que idealmente deberían desembocar en el nacimiento de unas fuerzas armadas ágiles y capaces de emprender misiones de carácter expedicionario lejos de sus fronteras.
Mientras avanzan estas reformas, el otro gran objetivo del Kremlin en el campo de la defensa es la reconversión de su industria bélica. Ésta padece una serie de problemas estructurales entre los que se cuentan el exceso de capacidad en algunos sectores, la práctica ausencia en otros, el bajo nivel tecnológico y de calidad, y los grandes retrasos en el desarrollo y producción de sistemas de armamento.
Sin descartar las adquisiciones en el exterior, algo hasta hace poco tabú en Rusia, como la de aviones no tripulados a Israel o de barcos anfibios (clase Mistral) a Francia, la voluntad del Kremlin es forzar la reestructuración de esta industria, como uno de los pilares, junto a la reforma militar ya indicada, del refuerzo de su capacidad bélica. Dicho refuerzo se enmarcaría en un movimiento más amplio, emprendido tras la llegada al poder de Putin, de recuperación de poder por los órganos del estado, que a nivel interno ha supuesto un control cada vez mayor por parte del gobierno de la vida política, social, y económica.
Uno de los problemas de fondo de la industria militar rusa es que históricamente ha destacado en la producción en masa de armas relativamente sencillas, como el tanque T-34 (a partir de un diseño norteamericano) o el fusil automático AK47, cuyo inventor fue precisamente homenajeado en el Kremlin el pasado 10 de noviembre con ocasión de su 90 cumpleaños. Se trata de armas destinadas a soldados poco formados, o hasta analfabetos, que se espera que venzan gracias a su superioridad numérica, no tecnológica. Muy lejos pues del énfasis occidental en la precisión y la minimización de las bajas, dirección en la que también avanza China en la actualidad.
Un modelo industrial clásico
Este modelo industrial es acorde con la estructura clásica de los ejércitos rusos, compuestos por un gran número de reclutas distribuidos en unidades por todo el país, dispersión obligada por la deficiente red de transportes y el riesgo de invasión desde diversos puntos. Sin embargo, un cambio en dicha estructura, objetivo perseguido por las reformas en curso, supone forzosamente otro modelo industrial, donde el objetivo ya no es fabricar un enorme número de armas poco avanzadas sino emplear tecnologías punteras que marquen la diferencia en el campo de batalla. Según declaró el presidente ruso el pasado 12 de noviembre, el distrito militar del Caucaso Norte sería el primero en recibir las nuevas armas.
Dos ejemplos de estas posibles nuevas tecnologías, destacados por la prensa rusa las últimas semanas y responsabilidad del Instituto Central de Investigación Científica "Armokom", son:
. Un uniforme de camuflaje, diseñado para hacer invisible las tropas ante la observación visual, electrónica, y por radar. Esta última capacidad se consigue empleando un material absorbente llamado bicarbalon. El traje ha sido probado con éxito en zonas boscosas y abiertas, pero diversas voces críticas advierten que se trata de una tecnología con quince años de antigüedad que se pretende presentar como nueva, y que el material empleado solamente absorbe emisiones de radar en ciertas frecuencias.
. Un material autoreparable para la fabricación del fuselaje de naves espaciales. Imitando a la piel humana, se repara a sí mismo tras pequeños cortes, como los provocados por micrometeoritos o partículas de "basura espacial" de reducido tamaño. Se trata sin embargo de una tecnología en las primeras etapas de su desarrollo, muy lejos de su posible producción en serie.
Como hemos indicado anteriormente, mientras el Kremlin impulsa la reforma militar e intenta iniciar la reconversión de la industria de la defensa, con el objeto de reforzar sus capacidades bélicas convencionales, confía a sus fuerzas estratégicas nucleares el grueso de la tarea de proteger a Rusia.
La debilidad de las fuerzas convencionales rusas se ha evidenciado en:
. La corta guerra del año pasado con Georgia, que pese a resultar en una rápida victoria rusa puso de manifiesto carencias en campos como las comunicaciones o los aviones no tripulados.
. Los últimos resultados de la evaluación anual de las unidades. El calendario de entrenamiento ruso transcurre tradicionalmente de 1 de diciembre a 30 de octubre, procediéndose a continuación a evaluar a cada unidad, que recibe una nota que va de A (preparación sobresaliente para el combate) a D (no preparada para entrar en acción). Los resultados se dan a conocer a las unidades en noviembre, y los de este año han sido filtrados al periódico moscovita Gazeta, destacando que 23 divisiones (el 47% de las existentes), 105 brigadas (el 60%), y 97 regimientos independientes (el 50%) tan sólo han obtenido una C, lo que indica que su preparación para el combate es limitada. La Armada, Ejército del Aire, y Fuerzas Nucleares Estratégicas, obtuvieron mejores resultados, siendo calificadas la mitad de las unidades con una A o una B.
Moscú confía que su enorme arsenal de misiles balísticos le permita disuadir a cualquier enemigo potencial durante el plazo necesario para reformar sus fuerzas armadas, por lo que parece estar enfatizando el papel del mismo, llegando al extremo de modificar su doctrina nuclear. Ello fue confirmado el mes pasado por el secretario del Consejo de Seguridad ruso, Nikolai Patrushev, al declarar que la nueva doctrina militar rusa sería aprobada antes de finales de año y que permitiría el primer uso del arma atómica, incluyendo los "ataques nucleares preventivos" para defenderse ante "agresiones convencionales" no tan solo de carácter general sino en conflictos regionales y "hasta en guerras locales".
En una curiosa inversión de papeles en relación con la Guerra Fría, sería pues ahora Rusia la dispuesta a emplear armas nucleares tácticas contra un enemigo convencionalmente superior. Lo que no ha cambiado sin embargo es que el desarrollo de defensas antimisiles amenaza, como sucedió en los años ochenta tras la Iniciativa de Defensa Estratégica de Reagan, la estrategia de Moscú.
Alexandre Calvo Cristina es profesor de relaciones internacionales, European University.
Fotografía de portada: © kremlin.ru

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