La reciente gira del presidente norteamericano, Barak Obama, por el Este de Asia, entre el 13 y el 19 de noviembre, desde Tokyo hasta Seúl, pasando por Singapur, Sanghai y Pekín, ha puesto de manifiesto la nueva visión del mundo en términos geopolíticos en el que el poder de Asia- Pacífico va a marcar poderosamente el devenir del planeta en el próximo futuro.
En Japón, ante su primer ministro, Yukio Hatoyama, Obama se comprometió a renovar y fortalecer la alianza entre los dos países que sigue siendo, según ambos gobernantes, el principal instrumento para garantizar la seguridad y estabilidad de la región de Asia-Pacífico. En esta renovación se halla la recolocación de la base militar norteamericana de Okinawa.
En la cumbre de la APEC, en Singapur, cuyos 21 miembros suman más del 50% del PIB mundial y donde se hallan 4 grandes potencias - Estados Unidos, China, Rusia y Japón -, donde Obama pidió que es preciso ser importadores además de exportadores, sus lideres acodaron la necesidad de un nuevo modelo de crecimiento y de integración económica y del establecimiento de un Área de Libre Comercio en la región para un próximo futuro.
En su discurso de Tokyo, del pasado día 14, Obama dijo que Estados Unidos no pretende contener a China sino que está convencido de que ese país supone una fuente de fortaleza para la comunidad de naciones así como que constituye un importante actor del nuevo orden internacional que está naciendo donde el Este de Asia va a tener un gran protagonismo. Nuevo orden mundial cuyo liderazgo intenta mantener Estados Unidos en estrecho entendimiento con China.
También el presidente chino, Hu Jintao, afirmaba en Pekín, apenas 3 días más tarde, que "China y Estados Unidos comparten amplios intereses comunes y una extensa perspectiva de cooperación sobre una serie de grandes asuntos importantes para la paz, la estabilidad y el desarrollo de la humanidad".
El camino no será fácil. Es verdad que hay muchos asuntos internacionales en que los intereses son comunes como el cambio climático, la economía, la eficiencia energética, las energías renovables, Corea del Norte, el terrorismo o la proliferación nuclear. Pero también es cierto que existen discrepancias en otros como los derechos humanos, las posibles sanciones a Irán, la situación de Tibet, el proteccionismo norteamericano o la revaluación de la moneda china.
Estos países del Este asiático disfrutan de un crecimiento del PIB anual en torno al 8% mientras que en la Unión Europea aún se está empezando a salir de la recesión. Es indudable el desplazamiento del poder geopolítico - con mayúsculas - del Atlántico al Pacífico. Un poder que no sólo es político, económico, tecnológico o militar, sino el fruto de una combinación de eficacia colectiva, idiosincrasia e impulso individual que está afectando con mucha fuerza a las relaciones de poder internacionales.
Lo cierto es que se nos avecina un nuevo orden multipolar con un fuerte peso de la bipolaridad representada por China y Estados Unidos, con una clara influencia mundial, en tanto que los otros polos de poder - Brasil, India, Japón, la UE y Rusia - tendrán, fundamentalmente, una influencia regional. Y en el nuevo orden, esta región del Pacífico va a constituir el centro de gravedad estratégico mundial de la primera mitad del siglo XXI.
En estos días en los que se va a decidir tanto el Presidente de la Unión Europea como el Alto Representante de la Política Exterior de la misma, para los cuales ya hay varias candidaturas, la UE no debiera perder de vista cuál es su verdadera situación en las relaciones internacionales de poder.
Si quiere ser un actor global, como se apunta en el documento sobre la Estrategia Europea de Seguridad del año 2003, la Unión Europea tiene que cambiar su visión del mundo. Ya no puede usar nuestro tradicional eurocentrismo porque ya está obsoleto. Pertenece a tiempos pasados, cuando veíamos al mundo, desde Europa, en el que situábamos a Japón y a Corea en el Extremo Oriente..
A partir de ahora es preciso convivir con la visión del mundo centrada en el Pacífico en la que Europa y, en consecuencia, España y el Reino Unido, pertenecen al Extremo Occidente. Las reglas y el campo de juego, con mucha probabilidad, empezarán a ser distintas en todas las facetas que afectan a las relaciones de poder desde la política a la economía, pasando por la diplomacia, la demográfica, la tecnológica, la social, la militar, la energética o la cultural, por solo mencionar algunas de las más relevantes.
Esta nueva visión del mundo - que ya está en marcha, como se ha expuesto - va a suponer un importante desafío y estímulo para la Unión Europea y, en particular, para España que ocupará la Presidencia de la UE durante el primer semestre del año próximo, toda vez que incrementará los esfuerzos para conseguir esa tan deseada integración que permitirá a la UE constituirse en un verdadero actor global.

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