La escasa visibilidad que hoy tiene el terrorismo yihadista salafista en España al no atentar desde hace tiempo en nuestro suelo y en el de otros países europeos hace creer a algunos que está poco menos que vencido. Nada más lejos de la realidad tal y como un pequeño inventario de actividades en diversos ámbitos - particularmente el judicial - pueden demostrar.
Al tratarse de una amenaza global comenzaremos señalando que el 13 de noviembre el Fiscal General de los EEUU, Eric Holder, anunciaba que los cinco principales implicados en el 11-S hoy detenidos en Guantánamo - con el supuesto cerebro de los ataques Khaled Sheikh Mohamed a la cabeza - serán finalmente juzgados ante un tribunal civil de Nueva York. Junto a este juicio que tendrá sin duda alguna un impacto mundial hay otros que se están celebrando en España y que ponen de manifiesto la sofisticación y la peligrosidad de este terrorismo. Ello se produce además en el contexto de una necesaria y largo tiempo esperada reforma del Código Penal, aprobada por el Consejo de Ministros del pasado 13 de noviembre, que permite por fin tipificar las figuras del adiestramiento, la captación, la integración o participación, la financiación y el adoctrinamiento, consustanciales a cualquier modalidad terrorista pero que en lo que al terrorismo islamista en general respecta había planteado problemas a la hora de alimentar la carga de la prueba, en especial ante los recursos de casación ante el Tribunal Supremo presentados por los abogados de tantos y tantos condenados en la Audiencia Nacional.
Precisamente en la Audiencia Nacional se están celebrando ahora mismo dos juicios importantes y se han iniciado las primeras diligencias para un tercero. Un proceso tiene como acusados a seis individuos, cinco argelinos y un marroquí, que habrían financiado al Grupo Salafista de Predicación y Combate (GSPC) argelino a través de los botines obtenidos en robos a viviendas de lujo en la Costa del Sol durante 2005. Esta actividad, que en principio podía haberse ubicado cómodamente en el ámbito de la delincuencia común y no del terrorismo, sirvió para financiar algunos atentados importantes ese año y también en 2006. Tales actividades han sido y son una de las fuentes principales de obtención de fondos por el terrorismo yihadista salafista en suelo europeo: el 14 de noviembre la Guardia Civil detenía en Pamplona al súbdito argelino Sennia Rabah en aplicación de una euroorden emitida por Italia, estando esta persona acusada por la Guardia di Finanza de formar parte de una red trans-europea de financiación del terrorismo en Argelia a través de diversos tipos de delincuencia que le habría reportado un millón de euros en tres años.
El segundo juicio, que tiene eco internacional, juzga a once miembros de una célula formada por paquistaníes e indios detenidos en enero de 2008 acusados de preparar atentados suicidas contra el metro de Barcelona. Con órdenes del recientemente fallecido líder del Movimiento Talibán de Pakistán, Baitullah Mehsud, este grupo acabó en manos de la Guardia Civil en una detención preventiva posibilitada por la delación de un miembro del grupo que ahora es testigo protegido. Esta figura quizás sirva para reforzar la carga de la prueba en el proceso, pero el hecho de no haber intervenido una cantidad significativa de explosivos hace temer a algunos que todo termine, como muchas veces ocurre, con resultados decepcionantes para las Fuerzas de Seguridad y para la Fiscalía. En cualquier caso lo relevante aquí es la existencia de un grupo radicalizado en España con conexiones en Pakistán y con voluntad clara de ejecutar acciones terroristas en nuestro suelo.
Finalmente cabe destacarse que a principios de este mes el Juez Eloy Velasco ha procesado a siete yihadistas acusados de haber prestado apoyo logístico a algunos de los implicados en los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Aquí de nuevo las conexiones transfronterizas del terrorismo yihadista son puestas en evidencia, afectando tanto a países europeos (Alemania y Grecia) como de Oriente Próximo y Medio (Turquía, Siria e Irak). Este caso y los dos anteriores nos permiten pues considerar que ni estamos ni a salvo ni debemos de bajar la guardia ante esta modalidad tan tenaz de la amenaza terrorista.

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