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Pakistán/India: un mosaico inestable en un entorno complejo

Pedro Sánchez Herráez, Comandante

   lunes, 16 de noviembre de 2009

Este artículo se publicó en el número 5 de Revista Atenea

(.) De hecho, para nosotros, estos han sido los años de los engaños, de las oportunidades perdidas y de la ceguera completa hacia las necesidades más esenciales y urgentes de los intereses de los musulmanes. (.) Será fatal para nosotros no mirar de frente esta trágica verdad; mientras más fuerte cerremos los ojos, más fuerte nos golpeará la verdad.

Choudhary Rahmat Ali, "Ahora o Nunca".

Ahora o nunca: nace Pakistán

Tras la Segunda Guerra Mundial la India se aproximaba al final de un largo proceso de independencia; pero el subcontinente indio distaba mucho de constituir una unidad. Ya el 28 de enero de 1933, Choudhary Rahmat Ali, uno de los líderes del Movimiento Nacional Pakistaní presentó en Cambridge un documento titulado "Ahora o nunca: ¿vamos a vivir o a morir para siempre?", adoptado como carta argumental del nacimiento de Pakistán.

El término Pakistán fue creado por dicho autor, como acrónimo de las cinco provincias del norte de India habitadas principalmente por musulmanes -Punjab, Afghan Province (Provincia del Noroeste), Kashmir (Cachemira), Sind y Baluchistán; y, como señaló posteriormente, el nombre significa en urdu la 'tierra de los pakis', la tierra de los puros, la tierra de la pureza.

Un día antes que la India, el 14 de de agosto de 1947 Pakistán se proclama independiente, y el estallido de violencia entre musulmanes e hindúes que sigue a la partición de la antigua colonia británica deja más de un millón de muertos y aproximadamente once millones de refugiados. Como colofón a estos hechos, han nacido dos nuevos estados, India y Pakistán -éste constituido por dos entidades separadas, Pakistán del Oeste y Pakistán del Este (el futuro Bangladesh)-, mientras Asia y el mundo se reconfiguran rápidamente para afrontar el nuevo orden internacional.

La Tierra de la pureza en un complejo entorno

Oriente, tierra milenaria, ha sido testigo de las pugnas de los hombres por dominar su riquezas y puntos de paso. Durante el siglo XIX, en el marco del Gran Juego entre una Rusia zarista buscando salidas a mares cálidos y una Gran Bretaña intentando evitarlo, la ingeniería geopolítica no sólo diseña el nacimiento de un Afganistán concebido como Estado tapón frente a los avances rusos, sino que su límite Este, conocido como Línea Durand, se establece en 1893 dejando grupos de pastunes y baluchis a ambos lados de la línea. Pero este límite no constituyó un obstáculo real para que tribus milenarias, orgullosas y belicosas, siguieran viviendo al margen de esa, ya, realidad política.

El nacimiento de Pakistán implica que la Línea Durand se transforma en su frontera oeste, heredando por tanto, los problemas de una artificialidad al margen de la realidad; también implica que ese neonato Pakistán, aglutinado en torno a una confesionalidad religiosa, se cohesiona frente a un adversario, y, por lo tanto, el mismo hito del nacimiento lleva aparejada una guerra India.

Cachemira, la única región india de mayoría musulmana es importante para Pakistán; no sólo porque desde la parte dominada por India se controla el río Indo y su cuenca, proporcionando el control del agua que emplea Pakistán; no sólo porque la capital, Islamabad, se encuentra desesperadamente cerca de la frontera con Cachemira; no sólo porque el gran eje de comunicación que articula el norte del país en sentido transversal, de Lahore a Peshawar discurre durante más de 200 kilómetros muy próximo a la frontera con Cachemira -con lo que el control total por parte de India de toda Cachemira implicaría la posibilidad de control de esa vía estratégica-, sino también, y sobre todo, porque para los gobiernos pakistaníes el conflicto de Cachemira ha sido y es una representación a escala del choque entre identidades nacionales que motivó la ruptura de India y la misma génesis de Pakistán, creándose la imagen de India como rival y amenaza permanente.

La historia de Pakistán e India es la historia de sus guerras. Tras la separación, el Marajá de Cachemira opta por la unión a India, pese a ser la población mayoritariamente musulmana, por lo que los disturbios que estallan en octubre de 1947 cuentan pronto con la intervención de las tropas pakistaníes e indias, transformándose en una guerra en la que tuvo que mediar Naciones Unidas, que estableció en 1949 la UNMOGIP (Grupo de Observadores de las Naciones Unidas en la India y el Pakistán), misión que sigue vigente en la actualidad.

La compleja relación entre ambas naciones es preciso contextualizarla en el marco de la guerra fría, en la que tanto Estados Unidos como la Unión Soviética -y su inicial aliado y posterior rival, China- presentan una opción de ayuda militar a todo aquel que se alinee en su bando. Pakistán, inicialmente, se convierte en el contrapeso en Asia frente a la China de Mao y una India, la de Nehru -pese a la pertenencia al movimiento de los No Alineados- en un proceso de acercamiento creciente a la Unión Soviética. Pakistán se convierte -junto con Turquía e Irán- en el muro de contención frente a la expansión comunista.

Ante la percepción referente a que la derrota sufrida en 1962 por India frente a China limitaría su voluntad de actuar, Pakistán intervino de nuevo en Cachemira en 1965 estallando una nueva guerra que finalizó, tras algo más de un mes de hostilidades, con el retorno a las posiciones originales. Pero, como corolario de esta guerra, Pakistán, ante lo que consideró un apoyo escaso de los Estados Unidos, estableció un complejo juego de relaciones bilaterales con la Unión Soviética y China mediante inestables triángulos de alianzas y apoyos, situación que se mantiene en la actualidad, con Pakistán siempre en uno de los vértices.

Una nueva guerra tiene lugar en 1971. En pleno furor independentista, en Pakistán del Este se produjo una matanza de bengalíes a cargo de tropas pakistaníes, hecho utilizado como hito de inicio de la guerra de independencia. El apoyo prestado por India a la resistencia -inicialmente proporcionando santuario y apoyo a los grupos armados y, finalmente, por intervención directa-, provocó la guerra entre ambas naciones. El ejército pakistaní fue derrotado y nació el nuevo estado independiente de Bangladesh.

La invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética y el derrocamiento del Sha en Irán -en 1979- no hizo sino potenciar el papel de aliado estratégico de Pakistán, iniciándose una etapa de intensa cooperación que se prolonga hasta el final de la guerra fría. Durante este tiempo, no sólo Pakistán se convierte en la base desde la que los muyahidines luchan contra la Unión Soviética a través de la permeable Línea Durand, sino que se suceden varias crisis con India, mientras ambas naciones alcanzan el status de potencia nuclear.

La primera prueba nuclear india en 1974 fue seguida por otras cuatro, desequilibrando, aún más, la balanza del poder. La obtención de un arma nuclear pakistaní se convirtió en una cuestión de orgullo nacional "Pakistán desarrollará su propio arsenal nuclear aunque para ello el país tuviese que comer hierba", y finalmente, con apoyo chino, consigue entrar en el club nuclear, realizando en 1998, seis ensayos nucleares -cinco como India. y uno más-. En ese período de tiempo se suceden las crisis entre ambas naciones, que están a punto de desencadenar nuevas guerras en 1984, 1987 y 1990.

En esta última, Pakistán -prestando apoyo total a los grupos islámicos extremistas en la Cachemira india- llegó a amenazar con emplear armas nucleares si India intervenía militarmente, hechos que, sumados a la finalización de la guerra fría, condujeron a la disminución del apoyo norteamericano. No obstante, la capacidad de disuasión nuclear alcanzada por Pakistán quedó demostrada en 1999, cuando la respuesta india ante una incursión pakistaní en Cachemira, en la zona de Kargil, fue extremadamente comedida.


Tras el 11-S y la acción de la Coalición Internacional sobre el Afganistán talibán, Pakistán adquiere de nuevo un alto valor como aliado. Pero un Pakistán sede de los campos de entrenamiento para luchar en la yihad contra la Unión Soviética, un Pakistán que instrumentaliza a los grupos religiosos radicales, no puede, de la noche al día, cambiar su discurso. Y, como muestra de esta situación, se produce el ataque suicida al Parlamento indio en diciembre de 2001, acción que motivó el despliegue de un millón de soldados de ambas naciones y la puesta en estado de alerta de los sistemas de armas nucleares. Sólo intensas gestiones diplomáticas internacionales consiguieron desescalar la crisis en octubre del 2002. ¿Pakistán, la tierra de la pureza, se quiebra?

El inestable mosaico

La República Islámica de Pakistán es, en la actualidad, el sexto país más poblado del mundo -unos 165 millones de habitantes-, el 96% musulmanes, mayoritariamente suníes. Está constituido por cuatro provincias -Baluchistán, Punjab, Sind y Frontera del Noroeste-, un territorio de la capital -Islamabad- y las Áreas Tribales Administradas Federalmente (FATA,s). Así mismo, en la zona en disputa de Cachemira, ocupa las zonas denominadas genéricamente como Áreas del Norte. Pese a su génesis y a su constante enfrentamiento ante un enemigo exterior, Pakistán dista mucho de ser un estado cohesionado y homogéneo.

No sólo las Áreas del Norte permanecen en una situación legal compleja, al no estar reguladas en el ordenamiento constitucional pakistaní, sino que ese vacío -que lleva aparejado la falta de asignación de recursos que permitan el desarrollo económico- se combina con la instrumentalización de grupos extremistas sunníes, en una zona -la única de Pakistán- de mayoría chií, lo que está incrementando los disturbios sectarios, radicalizando las posturas y alimentando un creciente movimiento independentista cachemir.

En el otro extremo del país, Baluchistán constituye la zona más extensa y despoblada, pero tiene una importancia capital para Pakistán, pues es rico en materias primas -segundo productor de gas nacional-, constituye el punto de paso natural hacia el sur de Afganistán e Irán y sus costas no sólo constituyen una gran proporción del total, sino que albergan el puerto principal del país, Karachi -por el que llegan los recursos a Afganistán-, además del nuevo puerto de Gwadar -realizado con ayuda china-. Pero esa importancia no impide que sea una zona económicamente deprimida, que los balochis sientan que sus peticiones son desatendidas y aplastadas brutalmente -como en el año 2006- por las fuerzas de seguridad pakistaníes. La percepción de que Islamabad alcanza acuerdos con grupos extremistas armados en otras regiones, sumado a la pérdida de legitimidad del gobierno central, especialmente tras la desaparición violenta de dos líderes políticos baluchis, motiva que el radicalismo y el independentismo prendan por toda la región.

Y dado que los balochis se encuentran divididos por la Línea Durand, este independentismo radical es un problema que puede afectar no sólo a Pakistán, sino también a Irán y Afganistán. Pero si el Baluchistán secular se encuentra dividido, el paradigma de la división es Pastunistán.
Los pastunes constituyen el grupo más numeroso en las denominadas Áreas Tribales Administradas Federalmente y en la Frontera del Noroeste. Con una organización social basada en tribus y clanes y guiados por un milenario código de honor -el pastunwali-, han combatido secularmente frente a todos los que han intentado ocupar sus tierras o cambiar su régimen de vida. Ese estatus especial se mantuvo cuando nació Pakistán, donde incluso la seguridad la proporcionan las milicias armadas tribales y no el Ejército pakistaní. Las guerras, los millones de refugiados afganos y la utilización de su suelo como base para las acciones sobre Afganistán han imposibilitado el desarrollo de un entramado económico y han potenciado el contrabando como forma de vida.

Desde la intervención internacional en Afganistán en el año 2001, la situación en las zonas tribales se ha complicado, y en la pugna entre el pastunwali y el integrismo islámico, parece que este último va ganando la partida. La excepcionalidad de estas áreas es tal que sólo asumiéndola es posible entender el choque que produjo la entrada de soldados del ejército regular pakistaní en alguna de ellas, intentando eliminar los bastiones de talibanes y de Al Qaeda -se cree que Bin Laden se encuentra en las FATA,s-, con resultados muy poco alentadores. Tan poco alentadores que si los interlocutores de Islamabad antaño eran los maliks, los jefes de las tribus, ahora son los talibanes.

En Pakistán, la estructura de Estado-Nación es endeble, y, junto al poderoso servicio secreto pakistaní, es el Ejército el auténtico sostén del país -incluso es el custodio del programa nuclear-; la mayor parte de sus miembros son punjabíes, y un 20-25%, pastunes; en la pugna por las lealtades, entre un concepto de estado-nación un tanto difuso y el tribalismo, comienzan a albergarse dudas sobre que lado se inclinará la balanza.

El futuro: ¿cooperación o balcanización?

Desde la independencia de la India, Pakistán mantiene con este país un litigio constante por la zona de Cachemira; cuatro guerras y varias crisis son el resumen de medio siglo de desencuentro, si bien existen algunos indicios de esperanza; el alto el fuego unilateral declarado por Pakistán en el 2003 y las medidas de fomento de la confianza propuestas por India respecto al diferendo nuclear constituyen puertas a la esperanza.

Así mismo, el proyecto de gasoducto Irán-Pakistán-India, caso de materializarse, proporcionaría grandes ingresos a Pakistán en concepto de derechos de peaje, revitalizaría unas zonas deprimidas económicamente -Baluchistan y Sind- y permitiría controlar el 'grifo' del gas indio, como contrapartida al control sobre el agua ejercido por India en Cachemira.

Pero el conflicto de Cachemira es instrumentalizado para desviar la atención de los graves problemas que atenazan el país, aglutinando a los habitantes frente al enemigo exterior, bien en torno al nacionalismo, bien en torno al panislamismo. Y pese a las intensas presiones internacionales para cesar en el apoyo a los grupos extremistas que cruzan hacia la zona controlada por India, es muy fuerte la creencia en ciertos sectores que la insurgencia en Cachemira beneficia a Pakistán al minar a India política, económica y militarmente. Y con ese planteamiento resulta muy complejo pretender eliminar el radicalismo de las FATA.

La talibanización de las áreas tribales es un hecho, debido, entre otras razones, al abandono y la dejación de Pakistán en estas áreas, convertidas de facto, en un Estado dentro de otro Estado. Esto posibilita, como en otras partes del mundo -el sur del Líbano es un claro ejemplo- que algunos grupos sean capaces de sacar partido de la miseria y la marginalidad, proporcionando, quizá, la opción menos mala, o al menos la más visible. (La reciente autorización de Islamabad para la implantación de la Sharia en el valle del Swat no constituye más que un simple indicador de esa realidad). Y tras las áreas tribales, Balochistán puede seguir ese modelo, balcanizando Pakistán, el país acrónimo de sus regiones, en sus elementos constituyentes.

La dependencia que el Gobierno tiene respecto a grupos religiosos radicales y extremistas demuestra el escaso monopolio de la violencia que ejerce sobre amplias zonas del país -que ocupa el noveno puesto en el índice de Estados fallidos del Foreign Policy del año 2008, sólo dos puestos por detrás de Afganistán-. Esto constituye un hecho especialmente grave si consideramos que es un Estado nuclear -el único Estado nuclear musulmán-. Y, ante una supuesta desintegración de Pakistán, se plantea la cuestión de si sería posible la misma labor que se realizó tras la implosión de la URSS, o si sus armas nucleares desaparecerán en las redes del contrabando internacional, llegando, con certeza, a manos no deseadas por casi nadie.

Pakistán, de firme aliado de Occidente puede convertirse en un nuevo foco de inestabilidad mundial. Del camino elegido por sus ciudadanos y sus gobernantes dependerá que el mosaico se consolide o se desintegre, y que el entorno se complique hasta límites insospechados. En cualquier caso, y ante esa realidad, parafraseando a Choudhary Rahmat Ali: "Será fatal para nosotros no mirar de frente esta trágica verdad, pues mientras más fuerte cerremos los ojos, más fuerte nos golpeará la verdad".

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