No sólo por la fallida reinstauración del zelayismo en la presidencia de Honduras, sino por la clave operativa de ese fracaso - la denuncia por Roberto Micheletti a la señora Clinton del tráfico de cocaína procedente de Venezuela a través del espacio hondureño -, el chavismo se ha vuelto contra Colombia. Prometió la secretaria de Estado norteamericana al presidente interino de Honduras, a petición por éste de ayuda técnico-militar para controlar ese tráfico, que el Pentágono estudiaría el problema. Es lo que le faltaba al caudillo bolivariano, en plena campaña contra el acuerdo militar de Washington con Bogotá para la utilización de siete bases en territorio colombiano contra el narcotráfico de las Farc.
La eventual incorporación implícita de Honduras a esa campaña, no sólo supone una adición cualitativa al proyecto bifronte - contra la producción y comercio de la cocaína y frente a la medio centenaria guerrilla comunista -, sino la pérdida del puente hondureño en el viaje del oro blanco y esnifable hacia el norte, camino del inmenso mercado estadounidense.
Con todo ello ha pasado el chavismo, desde la destitución institucional de un colaborador estratégico el 28 del mes de junio pasado, a tener enfrente en Tegucigalpa - sea quien sea el elegido presidente de Honduras el 29 de este mes de noviembre - un aliado de Estados Unidos. Esta evidencia llega ilustrada con el rumor de que la fórmula de mediación que aportaba el subsecretario de Estado para Hispanoamérica fue finalmente aceptada por Manuel Zelaya en las negociaciones por la advertencia/amenaza de que de no ser así se activaría, policial y judicialmente, la supuesta responsabilidad de un hijo del depuesto en el susodicho tráfico de cocaína dentro de los Estados Unidos.
Esa misión de Shanon parece haber supuesto el fin de las dudas que tenía la Administración norteamericana en el pleito hondureño, lo que, al propio tiempo, habría hecho cesar la presión directa del chavismo sobre el proceso de Tegucigalpa para resolver la crisis institucional, desencadenada por el intento de golpe de Estado desde la presidencia por el ex presidente Zelaya. A este cambio ha seguido la carga directa de Hugo Chávez contra Colombia.
Al margen de que se insista en señalar la crisis de la economía venezolana como causa de la acometida chavista del pasado domingo contra el pacto Washington-Bogotá, mediante lo cual se estaría creando una pantalla tras la que esconder la crisis, habría que considerar como determinante de todo ello la realineación de Honduras en su tradicional sintonía política con Estados Unidos.
Más aun en un momento en que la guerra contra la subversión y el narcotráfico, que tan largamente sufre Colombia, alcanza planteamientos desconocidos desde que se llegó al acuerdo sobre las siete bases. Un suceso político-militar que trastoca el marco dentro del que se había encajado hasta el presente el batallar del Estado colombiano contra la guerrilla de las Farc y el narcotráfico con la cocaína.
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