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Cartel a favor del retorno de Zelaya al poder |
El "acuerdo histórico", como fue bautizado por Hillary Clinton, alcanzado hace tan sólo una semana y celebrado por la comunidad internacional como una salida viable de la crisis política en que se ha sumergido el país por los últimos cuatro meses, se ha roto y no tiene visos de arreglarse antes de las elecciones del 29 de noviembre.
La "solución hondureña para Honduras", resultó no serlo tanto, pues pareciera que los hondureños no quieren superar el conflicto. Por un lado, el Congreso demoró su decisión sobre la restitución de Zelaya, mientras tanto el presidente de facto, Roberto Micheletti, ha formado el Gobierno de unidad que se suponía que encabezaría Zelaya. El viernes, el presidente depuesto se negó a enviar a Michelleti una lista de candidatos a ministros para formar el nuevo Gabinete, al enterase que no sería él quien estaría al frente del mismo. "El acuerdo está muerto. No tiene sentido seguir engañando a los hondureños", declaró Zelaya al tiempo que señalaba que no reconocería las elecciones venideras.
Estados Unidos ahora parece dispuesto a aceptar el resultado de las elecciones, tras desengañarse de lo que parecía que había sido un triunfo diplomático y que ahora se ha convertido en un fiasco, misma suerte que han corrido los demás agentes externos que han intentado mediar en la situación hondureña. Gobiernos de Europa y Latinoamérica han declarado que no reconocerían unas elecciones si antes no era reinstalado Zelaya. Pero a Micheletti esto parece importarle muy poco.
¿Fue EEUU quien inclinó la balanza?
En el desarrollo de esta crisis, los hondureños nos han mostrado varias veces cuán difícil es pronosticar cualquier desenlace o inferir conclusiones, pero por lo visto hasta ahora pareciera ser así. EEUU que había evitado involucrarse, finalmente lo hizo y rápidamente alcanzó un acuerdo. Sin embargo, lo que siguió no era lo que se esperaba y la posición estadounidense sí ha sido modificada, al mostrarse dispuesto a aceptar el resultado de las elecciones, aún sin la condición previa de que Zelaya vuelva al poder.
Lo que puede leerse de este desarrollo de los acontecimientos, es que Micheletti aceptó poner en escena la "charada" del pacto, para mostrar buena voluntad y darle a los Estados Unidos una coartada democrática para poder posicionarse en el conflicto y bloquear el avance bolivariano en el continente. Micheletti habrá convencido a los emisarios estadounidenses de la importancia de no permitir que Zelaya y su proyecto de corte "chavista" volviera a la presidencia, aunque fuera simbólicamente, y ahora el tiempo apremia, las elecciones están a la vuelta de la esquina y aunque el resto de la comunidad internacional esté en su contra, Micheletti se siente seguro con el respaldo estadounidense.
Complejo juego político y diplomático que ha tenido paralizado a un pequeño país en el que se jugaba una partida más de la geopolítica continental y que, por ahora, parece haber sido ganada por los Estados Unidos y la derecha hondureña, sobre Hugo Chávez y la izquierda latinoamericana.
Fotografías: Yamil Gonzalez / Flickr

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