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Madrasas, caldo de cultivo del islamismo

Ricardo Martínez Isidoro, General de División

Este artículo se publicó en el número 5 de Revista Atenea

 

Aunque Pakistán siempre ha gravitado con peso en la conflictividad del terrorismo internacional de carácter islamista, es ahora, en el momento en que las operaciones que se conducen en Afganistán tienen importantes hipotecas transnacionales cuando se analiza el gran país islámico oriental, porque nada puede ganarse en suelo afgano sin saber lo que pasa en Pakistán, y por ende lograr su cooperación efectiva.

 

Decir que se trata de un país inestable, joven, en vías de consolidar su democracia, con dificultades sociales, políticas y económicas, con falta de cohesión interna, a pesar de ser mayoritariamente musulmán, con graves desafíos exteriores sin resolver, con un ámbito religioso disgregado que lucha por el poder, con una clase política impotente para conducir al país hacia el bienestar, con una Fuerzas Armadas que se encaraman a menudo al poder, y además añadir que es potencia nuclear, sería poco todavía para aclarar la situación en Pakistán.

Comprender Pakistán, en los aspectos que lo relacionan con las operaciones en Afganistán, sería un buen resultado de cualquier análisis al respecto, dado que contribuiría a ver luz en ese mundo complejo que malogra los esfuerzos operativos occidentales de estabilización en ese Teatro (Libertad Duradera).

 

En Pakistán es necesario fijar un hilo conductor, una dirección, unos objetivos, para no perderse en la gran complejidad que representa su estudio, dado que sus factores clave son interdependientes.

 

De las Madrasas a los partidos islamistas

 

El gran objetivo a perseguir sería explicarnos por qué la retaguardia pakistaní es un santuario para los Talibanes y Al-Qaeda en su lucha contra la coalición internacional y OTAN. La base de partida del tratamiento del tema sería el estudio de las causas que han llevado a que la actuación de Pakistán en el conflicto, a pesar de ser un aliado de la causa occidental, no ofrezca resultados palpables y sea, a medio y largo plazo, un problema suplementario. El hilo conductor será el desarrollo en Pakistán de una la conciencia antioccidental, que partiendo de la educación alternativa, las madrazas, se eleva hacia los grupos religiosos, partidos islámicos, grupos islamistas radicales, y terroristas , amén de una contaminación importante de todo el aparato del Estado, Ejército y Servicio de Inteligencia incluidos.

 

El fracaso del sistema educativo público y el crecimiento de la población están en el origen del aumento exponencial del número de madrazas que existen en Pakistán. A pesar del compromiso constitucional que consagra el derecho a la educación, la realidad es que el sistema es ineficaz e impotente para asegurarlo; el privado, de corte occidental, es caro y elitista. Solamente a través de las madrazas se puede asegurar a una capa importante de la población, con pocos recursos generalmente, el acceso a una educación muy variable en contenidos, centrados en la formación secundaria y superior, con un poso religioso importante, y con una acción social consistente que descarga a las familias de los gastos de funcionamiento a los que no podrían hacer frente.

 

El número de madrazas en Pakistán es un dato sobre el que no se ponen de acuerdo los analistas, tanto por el enorme crecimiento reciente como por su rechazo a que las controle el Estado; se estima que puede haber cerca de 25.000. Se acepta como cifra realista que soporta un alumnado en torno a los dos millones, frente a otra más exagerada de siete millones.

 

La región del Punjab es la primera en número de madrazas (48%) seguida por Baluchistán (10%), Noroeste (3%) y Cachemira (2%).En ellas se pueden impartir desde ciencias modernas a otras disciplinas muy rigoristas, siendo la enseñanza de la religión obligatoria. Además de los alumnos autóctonos asisten extranjeros, en especial de Afganistán, Asia, Europa Occidental y Estados Unidos.

 

La madraza siempre fue una escuela coránica para la formación de los futuros profesionales de la religión, aunque ya de antiguo sirve a las diferentes corrientes religiosas. Como ejemplo de su carácter baste citar la de Dar-ul-Ulum, creada en 1867, de adscripción Deobandi, una de las más radicales, que surge como medio de contrarrestar la creciente influencia que empezaban a poseer, en esa época, los árabes liberales. De ascendiente sunita, cercana a los wahabitas, rechazan la veneración de los santos, el sufismo, y son enemigos acérrimos de los chiíes, corriente religiosa musulmana importante también en Pakistán. Se apunta, que la menor radicalización de los musulmanes en la India, minoritarios, proviene, probablemente, de cierta permeabilidad con el hinduismo, que también venera a sus santos.

 

Afortunadamente para el futuro de Pakistán la corriente Barelwi, creada en 1906, es mayoritaria en el país, y su credo también sunita tradicionalista conservador es sufista, 'compatible' con el hinduismo; poseen su propia red de madrazas que enlaza perfectamente con la corriente religiosa que representan.

 

Más minoritarios, pero tan radicales como los Deobandi, se sitúan los Ahl-i-Haddish, "las gentes de la tradición", que solo difieren de los primeros en algunos puntos del derecho coránico.

 

Finalmente, los chiíes, importantes pero también minoritarios (20%), completan la panoplia islámica, con su propia red de madrazas, que como al resto de corrientes le sirve para el reclutamiento de sus adeptos y para aumentar su influencia religiosa.

 

Conseguida la independencia de los británicos, estas corrientes religiosas tornaron en formaciones políticas con el interés de influir, sobre la competencia del Estado con respecto a la educación, la financiación de las madrazas y la islamización de Pakistán. Así surgieron partidos como Jaamat-e-Islami, partido islámico de corte fundamentalista, Jaamat-ul-Ulema-i-Islami, de corte Deobandi, cuyas madrazas trabajaron y se unieron a fin de proporcionar los elementos decisivos para movilizar a la sociedad contra el régimen de Bhutto, que pretendía cooptar las escuelas coránicas.

 

El antecedente más definitivo para comprender la situación actual habría que encontrarlo en el periodo posterior, en la dictadura del General Zia-ul-Zaq, quien bajo la influencia de los citados partidos recibió ingentes fondos saudíes y de los ricos países del Golfo, aumentó el número de madrazas, introdujo sus diplomados en el tejido del Estado, incluidas las Fuerzas Armadas y el todopoderoso Inter Servicio de Inteligencia(ISI), creó el Ministerio de la Religión y se declaró "soldado del Islam". Durante este periodo se produce el apoyo ,definitivo, de los Estados Unidos a Pakistán para favorecer la rebelión afgana contra la ocupación soviética de Afganistán, aspecto cuyas consecuencias se sienten hoy en día.

 

Las madrazas, cuando están radicalizadas, constituyen lugares en los que se produce el reclutamiento para las fuerzas político religiosas sectarias y por grupos extremistas, incluso de otros países, pero no son extremistas en sí mismas. Según los analistas en la materia, solo de un 15% a un 20% podrían considerarse como tales y podrían aportar candidatos al yihadismo, que obviamente no se forman en estas escuelas sino en campos de entrenamiento específicos.

 

Del anticomunismo al odio a Occidente

 

Estados Unidos irrumpe en Pakistán para luchar indirectamente contra los soviéticos, utilizando la enorme masa de refugiados afganos producida por la invasión de Afganistán [24 de diciembre de 1979]. Con el dinero americano, saudí y de las monarquías del Golfo, y el ideal moral de la lucha contra 'los sin Dios', los talibanes fueron armados y lanzados contra los comunistas. Muchos combatientes pakistaníes salidos de las madrazas participaron en la toma final de Kabul.

 

Tras la retirada soviética surgieron en Pakistán las consecuencias de la islamización progresiva a la que había sido sometido el aparato estatal, el sistema educativo , y las formaciones políticas, que salvo el Partido del Pueblo Pakistaní (PPP) y la Liga de Musulmanes (MLP), todos se radicalizaron profundizando su fundamentalismo y aumentando la lucha entre ellos mismos. Solo había una coincidencia entre ellos, su antioccidentalismo, provocado por la presión que sobre los líderes pakistaníes ejercía Estados Unidos.

 

El odio a Occidente, en lo que respecta a la lucha contra las 'costumbres licenciosas' allí practicadas, y las medidas antitalibanes, obligadas a poner en práctica tras el 11-S y la primera fase de Libertad Duradera, condujeron no solo a aislar al Gobierno, que fue objeto de atentados, sino a recibir a una gran cantidad de refugiados talibanes, que se situaron en su habitat natural, la frontera común entre Pakistán y Afganistán, lugar ambiguo en cuanto a delimitación, como la mayoría de las fronteras procedentes del antiguo Imperio británico. Para gestionar esta tierra común, el ex Presidente Pervez Musharraf [2001-2008] concedió una amplia autonomía a las Áreas Tribales y a la Provincia de la Frontera Noroeste, donde tiene lugar la mayor concentración de apoyos a las fuerzas occidentales que luchan contra la insurgencia, además conservó su apoyo a los talibanes de Baluchistán, que hacían frente a los independentistas autóctonos

 

Si bien es cierto que muchos de los grupos y partidos extremistas han sido prohibidos, los fondos que les nutren aligerados y que el Ejército ha tomado partido por la lucha contra los grupos insurgentes, también lo es que la efectividad de estas medidas no se produce de la noche a la mañana. Grupos yihadistas en Afganistán y Cachemira, como Harakat-ul-Mujahideen y Lashkar-i-Toiba, fueron utilizados por diferentes Gobiernos pakistaníes y, aunque están actualmente más desconectados de las estructuras del Estado (ISI), no por ello permanecen inactivos ni dejan de surgir grupos afines.

 

¿Hacia un Pakistán más moderado?

 

Para Estados Unidos Pakistán es fundamental para su lucha contra el terrorismo, tanto de Al-Qaeda como el que practica la insurgencia talibán; además trabaja para aliviar la tensión siempre latente con la India, con la que cuenta para la estabilización de esa caliente región. También la preocupación es máxima en materia de proliferación nuclear, no solamente en lo que respecta a la escalada con la India sino a la posibilidad de que grupos terroristas puedan hacerse con material nuclear.

 

Por ello Pakistán constituye un compromiso para Estados Unidos, para su nueva administración, que ya ha nombrado un representante especial, para sus mandos militares, cuyas visitas proliferan (el General.David Petraeus ha estado dos veces en Islamabad en el último trimestre) y para una nueva estrategia de la era Obama.

 

En Pakistán coexisten dos mundos paralelos, el descrito y una sociedad religiosa y civil más moderada, con apego a la democracia, con profesiones liberales y resuelta a ganar la batalla de la moderación, para construir un país de musulmanes , no solo un país musulmán, y esa es una batalla que no puede ganar en solitario.

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