Según diversas fuentes, el secretario de defensa estadounidense, Robert Gates, ha pedido al gobierno japonés que autorice la exportación a terceros países del sistema antimisiles SM-3 Block 2A.
Siendo desarrollado actualmente de forma conjunta por Japón y América, se trata de un sistema naval que permite la destrucción de misiles enemigos. Derivado del RIM-156 Standard SM-2ER Block IV, constituye el vector del sistema de defensa anti-misiles de teatro de la Armada norteamericana, denominado NTW-TBMD (Navy Theater Wide - Theater Ballistic Missile Defense), y está diseñado para su despliegue en navíos equipados con el sofisticado sistema de defensa antiaérea Aegis.
El acuerdo entre Washington y Tokio para el desarrollo del SM-3 fue firmado en diciembre del 2004 y prevé que la transferencia a terceros países está sujeta al visto bueno de Tokio. Gates confía en obtener la necesaria fumata blanca antes del fin de 2010, al objeto que el sistema pueda ser adquirido por países europeos, entre los que se podría encontrar Alemania.
El SM-3 aprovecha el cuerpo y sistema de propulsión del SM-2ER Block IV, habiéndosele añadido una tercera etapa, un sistema de guía, y un proyectil cinético (es decir que no contiene explosivos, sino que destruye el objetivo colisionando con el mismo).
El objetivo es localizado mediante un sensor infrarrojo, y aunque no todos los ensayos han tenido resultados positivos, en general se considera que es uno de los sistemas anti-misiles con más éxito hasta la fecha. Su contratista principal es la empresa Raytheon.
Es más, hasta ha sido empleado en misión ASAT (antisatélite). Concretamente el 21 de febrero del pasado año un ejemplar con el software modificado fue destinado a acabar con el satélite espía norteamericano fallido USA 193, a una altura de unos 250 kilómetros sobre el Pacífico. Lanzado desde el crucero USS Lake Erie, de la clase Ticonderoga, el misil alcanzó su objetivo, destruyéndolo.
La petición concreta de Gates, efectuada en su entrevista con su homólogo nipón, Toshimi Kitazawa, el 21 de octubre, es la exportación de la variante Standard Missile-3 Block 2A. Se trata de una versión avanzada de la serie SM-3 diseñada para ser instalada en plataformas navales y desarrollada conjuntamente por Japón y Estados Unidos, país que prevé iniciar su despliegue el 2018.
El SM3 Block 2A parte de la versión Block-1, menos avanzada y desarrollada en solitario por Estados Unidos, y que empezó a ser desplegada en diversos destructores Aegis japoneses el año 2007. Mientras que Japón desarrolla el núcleo del vehículo de intercepción, que debe proteger al sensor infrarrojo del calor generado por la fricción, Estados Unidos es responsable de la cabeza del misil, es decir el proyectil cinético, responsable de destruir los misiles balísticos enemigos.
De ser aceptada la solicitud norteamericana, ello supondría una notable relajación de la política japonesa de no exportar armamento y podría desencadenar una tempestad política motivada por la presencia de elementos pacifistas tanto en el DPJ (Partido Demócrata Japonés), principal componente del actual gobierno, como en sus socios, entre los que se encuentra el Partido Socialdemócrata Japonés.
Este embargo sobre las exportaciones de armamento no es fruto directo del famoso artículo 9 de la Constitución nipona, que impone la renuncia del derecho de beligerancia, sino que fue adoptado en dos etapas:
En primer lugar en 1967 el primer ministro Eisaku Sato estableció la prohibición de vender armamento a países comunistas, en conflicto, o sujetos a una medida de este tipo por Naciones Unidas.
Nueve años más tarde Takeo Miki, jefe del gobierno en aquel momento, amplió el embargo hasta cubrir la práctica totalidad de las exportaciones bélicas.
Además hay que tener en cuenta:
Que al no ser fruto de la carta magna nipona, y ni tan siquiera de legislación aprobada por las Cortes del país, esta política puede ser modificada en cualquier momento por el gobierno de turno. Contrasta ello con muchas medidas discutidas en los últimos años en el campo de la seguridad y la defensa y que han topado con la necesidad de nueva legislación, una relectura oficial de la constitución, o hasta una hipotética reforma de su texto.
Que el 1983 el gobierno japonés decidió eximir de este embargo las exportaciones de tecnologías armamentísticas a Estados Unidos.
La petición de Gates es especialmente significativa, más allá de su posible impacto político en Japón, por dos factores:
A nivel de industria de la defensa japonesa, porqué de aceptar finalmente Tokio dichas exportaciones podrían aclararse algunos de los interrogantes que pesan sobre el futuro del sector. Pese a que Japón es un país muy avanzado tecnológicamente, destacando en campos de enorme interés militar como la robótica, y cuenta con unas fuerzas armadas (denominadas "Fuerzas de Autodefensa") de dimensiones considerables, el mercado interno no basta para garantizar la continuidad del sector en su actual forma, siendo varias las empresas que actualmente se interrogan sobre si abandonarlo.
En lo referente a los programas de defensa antimisiles norteamericanos, por la decisión anunciada el mes pasado por el presidente Obama de abandonar los planes para la instalación de radares e interceptores en Polonia y la República Checa y centrarse en el desarrollo de sistemas navales ya existentes para hacer frente a la amenaza.
Aunque algunos observadores vieron en dicha decisión un intento de conseguir contrapartidas de Moscú (en Irán y Afganistán especialmente) a cambio de abandonar unos planes fuertemente criticados por Rusia desde que fueron anunciados, poco a poco se extiende la sensación que Estados Unidos no ha renunciado a su política de oposición a las pretensiones rusas de restablecimiento de una esfera de influencia. Las recientes palabras del vicepresidente Biden en Bucarest son una buena muestra de ello, así como en el siempre más importante campo de los hechos la probable instalación de misiles Patriot en Polonia.
Cual será la respuesta japonesa a la petición norteamericana? Kitazawa ha declarado que Tokio estudiará la solicitud y que ello constituye una cuestión interna nipona.
Más allá sin embargo de la postura ante esta tecnología concreta, el debate sobre las exportaciones de armas es un componente de primer orden del más amplio sobre la "normalización" del Japón como potencia.
Es también una muestra que, aunque separados por miles de kilómetros, los acontecimientos en Asia-Pacífico y Europa están fuertemente conectados. Aun en el dudoso caso que Occidente decidiese renunciar al desarrollo de sistemas antimisiles (que amenazan la imagen de Rusia como superpotencia porqué dicho país dispone de muchos misiles nucleares pero no de la tecnología y recursos económicos para ser un actor relevante en este campo) Japón, con la amenaza norcoreana a un paso y cerca de una China en constante y desacomplejado rearme, no podría hacerlo. Una vez desarrollado un escudo antimisiles nipón es lógico pensar que Occidente no se permitiría el lujo de abstenerse de importarlo.
Algo parecido pasa en materia de hidrocarburos. Mientras muchas capitales europeas no se atreven a avanzar decisivamente en la construcción del gasoducto Nabucco, temerosas de ofender a Moscú e ignorantes de las lecciones que nos enseña la historia, China se dispone a inaugurar a corto y medio plazo diversos oleoductos y gasoductos que le permitirán importar directamente energía de Asia Central.
Es decir, con independencia de la postura europea y norteamericana al respecto, dos de los principales objetivos geopolíticos rusos, frenar el desarrollo de sistemas antimisiles y evitar la construcción de gasoductos y oleoductos que conecten Asia Central con otros países sin pasar por territorio ruso, están condenados al más absoluto fracaso. Los sueños de Moscú mueren en el Pacífico.
Fotografía: © DoD / US navy

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