El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, promulgó durante el Consejo de Ministros del pasado miércoles, la reforma parcial de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Lofanb), que reorganiza la Milicia Bolivariana, integrada por civiles y que dependerá directamente del presidente.
Estas milicias bolivarianas tendrán como función principal la de complementar a la Fuerza Armada Nacional, que a partir de ahora será también "Bolivariana". Durante la transmisión de su programa de televisión "Aló, Presidente", Chávez señaló que "lo que eran las reservas pasan a ser las milicias nacionales bolivarianas".
Tan sólo un día antes, el martes 20 de octubre, la Asamblea Nacional había aprobado la ley tras un intenso debate. La escasa oposición aún existente en Venezuela se resistía a la reforma pues "legaliza el sometimiento del poder civil ante el poder militar", según afirmó el diputado opositor Tomás Sánchez, para después añadir que "esas milicias serán un grupo paramilitar al servicio del Presidente".
Según la ley, las funciones de las milicias son las siguientes
- Establecer vínculos entre las FANB y el pueblo.
- Contribuir a elaborar y ejecutar planes de defensa de la nación.
- Participar en el desarrollo de tecnología militar
- Orientar y apoyar a los consejos comunales en el cumplimiento de políticas públicas
- Asesorar en la creación de Comités de Defensa Integrales
- Recabar, procesar y difundir información de los Consejos Comunales para elaborar planes de desarrollo.
- Cumplir las tareas que se le asignen en situaciones de Estado de excepción.
"Esto es una guardia pretoriana, cuya misión fundamental es la de defender la revolución. Es una Fuerza Armada paralela a la profesional cuyos escenarios son peligrosos de cara al futuro. Aquí la FAN va a defender las hipótesis de conflictos externos y la milicia va a encargarse de los problemas internos", señaló Rocío San Miguel, directora de Control Ciudadano sobre la Ley Orgánica de la Fuerza Armada.
El Presidente extiende su red
Primero se hizo con el control del Ejército, elemento fundamental para la consecución de sus planes, después siguió el Gobierno y los medios de comunicación, pero Hugo Chávez, golpista y dictador, sabe muy bien cuál es el fin de los de su estirpe, sabe que siempre habrá alguien conspirando para derrocarlo, que la revolución (no la suya, sino la del pueblo) se puede formar en cualquier barrio, entre la gente común y es allí, hacia donde están dirigidas sus Milicias Bolivarianas. "Inteligencia social" es una de las funciones de estos grupos de civiles con preparación militar, eufemismo que significa: espiar al pueblo.
Chávez, paranoico como todo gobernante autoritario, teme demasiado la pérdida del poder y las milicias se convertirán en una manera de protegerle contra eso. Sucederá en Venezuela ahora, lo que ya sucedió en muchos otros lugares como Cuba, Irán y en los países ex-soviéticos, que la gente tendrá miedo de sus vecinos, de decir cualquier cosa que pueda ser oída por alguien y considerada subversiva. La "orientación y apoyo a los consejos comunales" suena a adoctrinamiento orwelliano.
La opción Bolivariana cada día toma mayor impulso, Honduras y Nicaragua se mueven tras los pasos de su mentor venezolano, Bolivia y Ecuador ya tienen bien asimilado el sistema de Chávez, inspirado en el de Castro, claro está. Los contactos con Rusia e Irán son cada vez más frecuentes en la búsqueda de aliados que puedan servir de contrapeso a los Estados Unidos y, Brasil, no parece aún decidido a tomar la batuta en los asuntos iberoamericanos y si tarda en reaccionar quizá le ganen la partida.
Iberoamérica frente a la América bolivariana
Por su parte, los países de la América Latina que cuentan con una estabilidad política, económica y social aceptable, con sistemas democráticos que, aunque en ocasiones puedan ser frágiles, son funcionales y que podrían, o deberían, luchar por la estabilidad regional, como México, Chile, Argentina o Costa Rica, no cuentan con el liderazgo suficiente y son incapaces de dejar de ver la geopolítica americana como cuestión exclusiva de los Estados Unidos. El sueño de Simón Bolívar de una América unida, no subyace en el modelo de Chávez que se ha apropiado del nombre del libertador, sino en el de esas naciones que poco a poco han ido superando sus propios conflictos, conquistando la democracia y estableciendo instituciones respetables. Son esos países los que deberían unirse y mostrar el camino, como en su momento lo hicieron Francia y Alemania en Europa. Entre democracia y dictadura, la gente siempre preferirá democracia, entre libertad y Estado policiaco, la elección es muy fácil. La manera de contener a Chávez y sus comparsas, no es a través de la fuerza o la demagogia, esas son sus armas, sino con el aislamiento de la comunidad internacional, con el ejemplo de sociedades vecinas más justas y libres, a las que venezolanos, nicaragüenses y bolivianos, puedan voltear y anhelar.
Cuando cayó la "Cortina de Acero", los países del Este no tardaron en desear para sí mismos lo que veían en las sociedades libres de la Unión Europea. Las diferencias son muchas y los particularismos demasiados, pero la identidad hispana es una gran ventaja. Europa no contaba con nada parecido cuando decidió unirse. La manera de conseguir la estabilidad en la siempre inestable Latinoamérica, quizá estribe en una Unión similar a la Europea, en la que los miembros del club definan unos valores mínimos y que sean las mismas sociedades quienes luchen por alcanzarlos, si es que desean gozar de los beneficios de ser parte del club. Seguramente entonces, dejaríamos de ver tanto caudillo, tanto golpe de Estado, tanto cierre unilateral de medios de comunicación y, quizá, por una vez, la región podría dejar de ser campo de juego de las grandes potencias y concentrarse en mejorar los niveles de vida de sus ciudadanos.

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