Están a punto de cumplirse 4 meses desde que, el 28 de junio de 2009, las Fuerzas Armadas hondureñas expulsaron al presidente constitucional, Manuel Zelaya, del territorio nacional. Aunque esta acción militar fue apoyada por los poderes constitucionales como la Corte Suprema de Justicia o el Congreso, la comunidad internacional se ha opuesto a la ruptura del orden constitucional y ha exigido unánimemente la restitución de Manuel Zelaya en sus funciones.
La crisis se ha tratado de resolver con la aplicación de una amplia gama de medidas propuestas por diferentes actores. Desde la OEA que expulsó a Honduras de la citada organización, el 4 de julio, hasta la ALBA que, en su VII Cumbre en Cochabamba (Colombia), del 16 y 17 de octubre, acordó aplicar sanciones políticas y económicas, pasando por la Unión Europea y los Estados Unidos que han impuesto al país hondureño algunas restricciones económicas.
En el próximo futuro, Latinoamérica está destinada a ser una entidad geopolítica única, autónoma, hablando al resto del mundo con una sola voz y capaz de solucionar sus "problemas" internos "dentro" del ámbito hemisférico.
Desde la sorprendente llegada del presidente Zelaya a Tegucigalpa el pasado 21 de septiembre y refugiarse en la embajada de Brasil - esto ha derivado en la participación del presidente brasileño Lula en la crisis -, los delegados de ambos presidentes están intentando encontrar una solución en las negociaciones que llevan a cabo, en estrecho contacto con la OEA.
En estos momentos, los representantes del mandatario legítimo creen que el Congreso debe tomar la última decisión del caso mientras que los del régimen de facto, del presidente Roberto Micheletti, defienden que sea la Corte de Justicia la que de el veredicto final. Lo lógico es que ambas delegaciones lleguen a un acuerdo que podía pasar por un gobierno de unidad nacional y esperar a los resultados de las próximas elecciones del 29 de noviembre.
No cabe duda que si la crisis no se resuelve en un tiempo razonable, el Sistema de Integración Centroamericana podría verse afectado directamente, organismo que tiene por objetivo fundamental alcanzar la integración de esa región en una zona de paz, desarrollo, democracia y libertad. Y, en consecuencia, también afectaría al proceso de integración latinoamericano.
En todo caso, la crisis debiera solucionarse dentro del hemisferio, ya sea en el marco latinoamericano o en el de la OEA. En este sentido, el tomar como base el Acuerdo de San José, elaborado bajo la mediación del mandatario costarricense, Oscar Arias, parece ser la mejor opción. De esta forma, sería bueno para Honduras, para la región y, en definitiva, para Latinoamérica ya que empezaría a ser autónoma en su propio entorno, tal y como se mencionaba anteriormente.

Otros artículos del autor:
Rusia toma posiciones
Irán y la ambigüedad calculada
La arriesgada apuesta de Obama
Irán: Huida hacia delante