El Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega (sandinista), ha dado un golpe de mano al saltarse la Constitución con ayuda del Tribunal Supremo, magistratura que controla su partido el sandinista, al derogar el artículo 147 de la ley fundamental, que prohíbe la reelección, sin seguir lo establecido para la reforma. Esto supone de hecho que el actual mandatario podrá presentarse a los comicios de 2011 y continuar en la presidencia, siguiendo los mismos pasos de Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia) y Manuel Zelaya (Honduras).
Ortega, que llegó a la presidencia del país en 2007 por la vía electoral, ha tratado en las últimas semanas que la Asamblea Nacional reformara la Constitución de acuerdo con los procedimientos que establece. Pero el Presidente no pudo alcanzar los 56 diputados necesarios para cumplir con la legalidad constitucional. Entonces Ortega recurrió al Supremo, dividido entre ocho miembros sandinistas y siete de la oposición.
El resultado ya lo había adelantado el vicepresidente del alto tribunal, Rafael Solís, amigo personal de Ortega. La oposición ha condenado la maniobra y ha formulado un llamamiento a la sociedad nicaragüense y a la comunidad internacional.
El caso guarda un claro paralelo con lo ocurrido en Honduras, aunque en este país las instituciones reaccionaron y depusieron al Presidente Zelaya. En un primer momento no ha habido reacciones internacionales o en la Organización de Estados Americanos.
El Presidente de Brasil, Luiz Ignazio Lula, tampoco ha reaccionado en un primer momento. En los últimos años Estados Unidos, ocupado en los problemas de Afganistán, Pakistán e Irak, parece haberse desinteresado en los asuntos de Iberoamérica, delegando el liderazgo en Lula.

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