La visita oficial de tres días a España durante esta semana del Presidente libanés, Michel Suleimán, nos obliga a evocar un escenario donde llevamos ya tres años contribuyendo con 1.200 efectivos a la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (FINUL) y donde nuestras responsabilidades se van a ver incrementadas en muy poco tiempo al asumir el mando rotatorio de la misma.
Cuando el General Alberto Asarta Cuevas tome posesión a partir del 17 de febrero del mando de la FINUL asumirá durante un año prorrogable hasta tres la responsabilidad de cuando menos mantener un statu quo que ha garantizado hasta hoy una situación de "no guerra" que si juega a favor de alguien es de los terroristas de Hizbollah. Asumiendo el mando en sustitución del General italiano Claudio Graziano no sólo incrementamos nuestro contingente hasta los 1.400 efectivos - los 200 que se incorporen con el General Asarta asumirán funciones de seguridad, logísticas y de inteligencia - sino también las amenazas, lo cual nos obliga a recordar a nuestros seis paracaidistas asesinados en la zona en junio de 2007.
El incidente ocurrido en la localidad fronteriza de Houla el 18 de octubre - en el que ráfagas de ametralladoras pesadas y explosiones parecieron deberse a los intentos de destruir instrumentos fijos y móviles de espionaje del Ejército israelí - o la explosión de municiones de Hizbollah ocultas en la vivienda de un cabecilla de este grupo, ocurrida en la aldea próxima a Tiro de Tayr Filsay seis días antes, demuestran cuán preocupante es el contexto en el que se mueven nuestros compatriotas.
Otra explosión similar a la de Tayr Filsay se produjo en julio en otra aldea, Khirbet Silim, también en el sur del Líbano y que en aquella ocasión llevó a un enfrentamiento de habitantes del lugar con efectivos de la FINUL que acudían a investigar el incidente. Ahora, el 12 de octubre, miembros de Hizbollah cargaron prestos en camiones el armamento almacenado que se había salvado de la explosión y lo llevaron a la vecina localidad de Dir A-Nahar antes de la llegada de la FINUL y del Ejército libanés al lugar de los hechos. Ello pone de nuevo de manifiesto cómo se viola sistemáticamente por parte de Hizbollah la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad pues esta impone la eliminación de toda milicia en la zona.
La FINUL opera en un país que sufre una inestabilidad política endémica pero que por otro lado acaba de convertirse, desde el 15 de octubre, en miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU para un período de dos años. Mientras esto supone un estímulo para su política exterior la política interna sigue estancada pues Saad Hariri ya ha sido designado dos veces Primer Ministro por el Presidente Suleimán - la última el 16 de septiembre - pero no logra formar Gobierno pues su victoria en las elecciones del 7 de junio no fue lo suficientemente amplia y la oposición, encabezada por Hizbollah, ejerce el bloqueo y la coacción.
Cuando el Presidente sirio, Bashar Al Asad, y el Rey de Arabia Saudí, Abdullah Bin Abdelaziz, se reunían el pasado 8 de octubre en Damasco, ambos apostaban por un gobierno de unidad nacional en Líbano, pero en tal reunión faltaba un actor por excelencia que aunque foráneo participa en la arena política libanesa a través de Hizbollah: la República Islámica de Irán. En términos de coacción los libaneses aún recuerdan cómo en mayo de 2008 Hizbollah tomó el control de Beirut, y Hassan Nasrallah no pierde ocasión de presumir tanto de los 40.000 misiles de diverso tipo que dice poseer como de la incapacidad mostrada por Israel en 2006 para derrotar a Hizbollah en el campo de batalla.

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