Las relaciones y equilibrios de poder en Medio Oriente están cambiando y muestra de ello son los cambios de relaciones diplomáticas en los países de la zona. Los actores tradicionales de la zona como Arabia Saudí o Egipto se están viendo eclipsados por el ascenso en la zona de Turquía e Irán.
El caso de Irán es claro, y desde el ascenso al poder en 2005 del presidente Mahmud Ahmadineyad la entrada en juego de Irán es desafiadora para la comunidad internacional. Irán ha conseguido ganarse un papel político importante en el conflicto israelí-palestino como aliado de Hamas y de su gobierno islamista en la franja de Gaza. También destaca su papel de aliado de Siria en sus pugnas territoriales con Israel, y no menos destacado son sus influencias en el Líbano como gran aliado y apoyo de Hezbollah.
En el caso de Turquía, país que tradicionalmente ha sido puente entre occidente y oriente, su creciente influencia en la zona no deja de ser menor. Estado constitucionalmente laico, ha querido jugar un papel moderador en la zona y de punto de encuentro entre las dos civilizaciones. Turquía frente a Irán, se presenta como la propuesta moderada para liderar la mediación de conflictos en la zona. Prueba de ello ha sido su papel de moderador en las negociaciones entre Siria e Israel. No obstante, en estas dos semanas su imparcialidad como actor se ha visto desbordada en sus relaciones con Israel, que pasan por uno de sus momentos bajos.
Y es que hace dos semanas, las tensiones entre los dos países afloraron después de que Turquía prohibió la participación de Israel en un ejercicio aéreo del OTAN alegando indicaciones del ministerio de exteriores turco. Esto alertó y acarreo el enfado de la administración hebrea que incluso ha llegado a pedir el boicot de asistencia de su ejecutivo a la tradicional fiesta de conmemoración de la independencia turca en casa del embajador Turco en Israel el próximo 29 de Octubre.
Por su parte, el gobierno turco intenta sacar importancia al asunto. No obstante, la emisión esta pasada semana de una serie de ficción en la televisión pública turca en la que se presenta a niños palestinos asesinados por soldados israelíes no ha apaciguado el asunto.
El gobierno turco del primer ministro islamista Tayyip Erdogan, no romperá relaciones con Israel, uno de sus aliados estratégicos en la zona y en su lucha contra el islamismo más radical. No obstante, por primera vez, con la cancelación del ejercicio militar se pone de manifiesto su intención de ejercer su poder de disuasión en la zona. El poder y la opinión de Turquía como mediador en la zona toman más fuerza. Así, Siria, ante las acusaciones israelíes hechas por Netanyahu a raíz de la crisis dudando de sí Ankara es aun un buen mediador para el conflicto, ha respondido que sin Turquía no seguirá las negociaciones. Por su parte, Turquía, consciente del protagonismo que puede ganar también se ha ofrecido como el mejor moderador para las conversaciones con Irán.
Hacia donde se acabará de declinar el equilibrio es aún moldeable, lo que si que es ya claro es que en un equilibrio de una zona ya de por si frágil, la entrada en juego de actores regionales no árabes va ser más importante que nunca.

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