En una información publicada por el periódico británico The Times, se acusa a las tropas italianas desplegadas en Afganistán de haber pagado sobornos a los talibanes, sellando un pacto de no agresión entre ambas partes. De acuerdo con esta noticia, al ser relevados los italianos por fuerzas francesas en el área de Sarobi, éstas no fueron informadas del acuerdo y fueron víctimas de una emboscada en la que diez soldados franceses perdieron la vida, en lo que significó la pérdida más grande para la OTAN como consecuencia de un sólo ataque en varios años.
Políticos y diplomáticos de ambas naciones han reaccionado con indignación a lo publicado por The Times, pero el prestigioso diario inglés cita diversas fuentes. Desde el comandante talibán Mohammed Ishmayel, hasta altos oficiales tanto del gobierno como del ejército afgano, señalando incluso, que oficiales estadounidenses habrían levantado una queja formal contra el gobierno italiano por supuestos pagos a insurgentes en junio del 2008, dato no confirmado por la Embajada de EEUU en Roma.
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La OTAN debe definir su estrategia en el país asiático |
Lo importante aquí, no es caer en las acusaciones, descalificaciones, confirmaciones o negaciones sobre lo publicado por el Times, sino tratar de interpretar una situación mucho más amplia y compleja que es a la que se está enfrentando la Alianza Atlántica en Afganistán y dentro de la cual los supuestos sobornos serían tan sólo una muestra más de la falta de unidad en las estrategias a seguir por las tropas de las diversas naciones incluidas en la misión.
Mandos e intereses diversos
Analicemos por un momento las informaciones que llegan desde las distintas capitales de las naciones aliadas. En Roma, el Ministro de Defensa italiano, Ignazio La Russa, declaró que las acusaciones eran "basura" y que la actitud benevolente hacia los italianos que sirven en Afganistán no tiene nada que ver con sobornos sino que se deben "al comportamiento de nuestros militares, el cual es muy diferente comparado con el de otros contingentes", criticando veladamente a tropas aliadas. Mientras tanto, un portavoz militar francés, Cristophe Prazuck, señaló que no podía confirmar las acusaciones, pero que "son rumores y no es la primera vez que los escuchamos". De confirmarse estos "rumores", significaría que una alianza militar que debería mantener una estrategia unificada, utiliza diversos métodos de acuerdo con sus objetivos particulares, militares o políticos.
Sam Kiley, articulista del Times, apunta por su parte que, por ejemplo, 9.000 soldados británicos en Helmand se encuentran técnicamente bajo el comando del General McChrystal, a través del cuartel general de Kandahar. Pero en realidad, sucesivos brigadiers británicos han respondido a las órdenes del Cuartel General Británico en Northwood, Inglaterra, al mismo tiempo que, en teoría, se encuentran bajo el mando político de un civil que está a cargo del equipo de reconstrucción de la provincia de Helmand. Señala también que 10.000 marines norteamericanos responden a su cuartel general en los EEUU más que a su propio general en el campo y que otros 30.000 soldados estadounidenses operan en el este del país sin estar bajo comando alguno de la OTAN.
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El JEMAD en Afganistán |
Otros países tienen diversas políticas sobre lo que sus tropas pueden o no hacer en el terreno. Los alemanes, no tienen permitido entrar en zonas de combate sin el acompañamiento de una ambulancia, otras naciones tienen prohibido entrar en combates. España no se encuentra en guerra, sino en misión de reconstrucción y los ingleses consideraron en su momento pagar sobornos para transportar un material clave por caminos peligrosos y evitar así ser atacados. Empresarios que operan en el país señalan que es normal añadir un porcentaje en los contratos por concepto de "seguridad", siendo que al final, son los mismos aliados quienes financian al enemigo, resultando en situaciones como la de los soldados franceses muertos a causa de un pacto secreto de los italianos (si lo afirmado por el Times se confirma) y los subsecuentes conflictos diplomáticos que se derivan de todo esto y erosionan la unidad de la Alianza Atlántica, lo que sin duda es percibido y aprovechado por el enemigo.
¿Qué es lo que está en juego en Afganistán?
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Obama y McChrystal en la Casa Blanca / © US DoD |
¿Cómo puede una alianza funcionar de esta manera? Es comprensible la frustración del General McChrystal, ante la misión que se le impone de ganar una guerra en estas circunstancias. El máximo responsable militar en Afganistán, no tiene control sobre lo que sucede en el terreno. Los aliados no responden a un mando único, sino a los políticos en sus respectivos países. Mientras Obama define la estrategia a seguir y si es que accede a enviar los 40.000 efectivos solicitados por McChrystal, cada nación debate su propia posición frente a lo que significa su misión en Afganistán. Brown ha anunciado que Gran Bretaña enviará 500 soldados más y Zapatero aporta 40 guardias civiles, Sarkozy afirma categóricamente que "Francia no enviará ni un soldado más", Berlusconi ha declarado que su país ha comenzado a planear llevar de regreso a Italia algunos de sus soldados "tan pronto como sea posible" y Japón anuncia que en enero dejará de prestar su apoyo naval en Afganistán.
La difícil cuestión para Obama es definir cuál es la razón para esta guerra, cuáles son los peligros de un Afganistán inestable y hacer llegar este mensaje tanto a sus ciudadanos que no entienden por qué siguen muriendo sus jóvenes en un país tan lejano, como a sus aliados que enfrentan los mismos problemas cada vez que muere un soldado, ya sea español, italiano o francés. ¿Qué es lo que está en juego en Afganistán? Y si lo que está en juego es tan fundamental como para continuar allí tras ocho años de operaciones militares, pues entonces no quedará más remedio que fortalecer la alianza, cerrar filas y hacer los sacrificios necesarios. Pero bajo un sólo mando militar, con una única estrategia que funcione de manera coordinada entre las 42 naciones con presencia en el país, luchando todos por el mismo objetivo, dejando de responder a las encuestas de opinión y elecciones venideras, y respondiendo, en cambio, como en cualquier operación militar, a lo que el teatro de operaciones exija de acuerdo a los objetivos establecidos.

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